Esta ha sido una semana ajetreada, en el terreno laboral (he hilvanado los tres proyectos que tenía en la cabeza, ahora quedan lo más laborioso y lo más difícil, en este orden, elaborar y finalizar) y también en el personal.
He vivido, sin preverlo aunque no a mi pesar, una semana altamente cinematográfica. El lunes “La partida”, nada que decir, excepto que me libraré mucho de recomendarla, porque el argumento es (al menos para una mujer de la edad aproximada de la de la protagonista), si no imposible, sí improbable y ni siquiera tiene imágenes bellas ni diálogos interesantes.
El martes la cosa cambió, fui con M. a ver la última de Woody Allen, “Whatever Works” y nos reímos a carcajadas (algo destacable, porque a esas horas y ese día, éramos 4 personas; 4, ni una más, en la sala).  La película va del acercamiento a la vida real de esa gente que vive según el “libro de instrucciones”, o al menos eso me pareció a mí, que últimamente ando algo susceptible con eso de “hacer lo que se supone que se debe hacer en cada momento”.
Pero el miércoles fue el día triunfal, por lo que a cine se refiere. Acompañé a T.  a unas gestiones y después nos fuimos a comer a una cafetería Lavazza que acaban de abrir en FNAC, donde, además de múltiples bebidas a base de café, una camarera educada y simpática, nos sirvió unas patatas con boletus antológicas. Es la segunda vez que vamos y siempre se repite lo mismo: buena comida, buen final cafetero (esta vez fue un delicioso Nocciollatto) y la camarera simpática que nos atiende (a todo el mundo, supongo) como si nos conociera de siempre, convirtiendo una cafetería moderna, situada en un espacio abierto bajo una escalera, en un lugar acogedor. Está claro que lo que importa son las personas.

Bueno, pues de ahí nos fuimos directamente al cine, sin periódico donde mirar la cartelera… y el destino nos pudo. Resulta que compramos entradas para ver “2012” no muy convencidas, pero pensando que no teníamos el cuerpo para cosas complicadas después del trajín de la mañana, y nos dirigimos a la sala 9 del multicine (nada habitual en nosotras, que preferimos la calidez austera del Renoir)… íbamos charlando y riéndonos por un asunto del que tal vez algún día explique algo aquí… y sin darnos cuenta nos metimos en la sala equivocada, la 8. Cual no sería nuestra sorpresa (al salir descubrimos que el “baile de números” no había sido de la taquillera, sino nuestro), cuando la película que se proyecta es “La celda 211” (que habíamos descartado, por aquello de que queríamos algo ligerito).
La película no es dura, es durísima… pero tampoco es buena, ¡es buenísima!. Luis Tosar se ha convertido en un actor magnífico (Goya para él, ya). Al día siguiente todavía estaba impresionada y dándole vueltas al tema.
Y supongo que todavía lo estoy, porque han pasado más cosas, pero al final lo que ha quedado es eso, la espléndida interpretación de Tosar y una película que probablemente nunca hubiese ido a ver, y que la suerte de un error me obligó a disfrutar.
Pues eso, que os arméis de valor y vayáis a ver la peli, ¡que vale la pena!
www.elclubdelosdomingos.com