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Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro

Vase vernissé avec des roses, fond rouge / Alphonse QUIZET (1885-1955)

Este libro habla de una soledad terrible, la que nace del dolor, de la traición, del abandono, de la certeza de no saber vivir. Y es terrible además porque se alarga en el tiempo, enquistada durante años en la vida de la protagonista desde el día en que su destino cambió para siempre.

La novela trata de una mujer que sufre una gran pérdida en uno de esos reveses del destino que, en un instante fatal y sin avisar, pone a prueba el sentido de la vida. La prueba es extrema, probablemente insuperable, y el dolor que produce se ve agravado por la culpa y el remordimiento. La perplejidad ante el capricho del azar, la serie de minúsculas coincidencias que se tienen que producir para que ocurra lo impensable, no mitiga en ella la sensación de fracaso con la que se juzga a sí misma y que la lleva a huir y desaparecer de su propia vida.

Al abandonarlo todo, incluido su nombre, se priva de toda posibilidad de una vida encarada hacia el futuro. Durante veinte años vive dentro de la cárcel de sus remordimientos hasta que un buen día, ya convertida en una mujer madura, decide enfrentarse a su pasado. Ahí arranca la novela, en primera persona, con una voz serena, todavía temerosa, que formula las preguntas que la han atormentado todo ese tiempo con la esperanza de que esta vez encuentren alguna respuesta, y ella una segunda oportunidad.

Con un estilo sencillo, realista y reflexivo, el cuaderno de bitácora de la mujer nos muestra, a corazón abierto, el regreso a su ciudad de origen. Cada paso que da, cada mirada, cada mano tendida hacia aquellos a quienes hirió será un rasguño en el velo tras el que ha permanecido oculta. Y entre todos esos pasos que ella da como sonámbula, empujada por el azar, jugará un papel fundamental la palabra, la palabra dicha, pero también la palabra escrita.

Puesto que la soledad se construyó con silencios, puesto que el silencio fue la peor traición, la mujer tendrá en las palabras una vía de redención. No le será fácil. La novela reflexiona sobre los límites del lenguaje: su incapacidad para expresar la verdad más honda o su impotencia ante los porqués del destino. Nadie sabe más de esto que ella. Sin embargo, lleva un diario.

Su apuesta por la palabra surge como una necesidad desde el momento en que ella descubre una verdad que menciona casi de pasada, pero que el lector interpretará como el impulso que la lleva por fin a afrontar su vida: “No siempre uno es dueño de su silencio”. Por lo tanto, no hablará ni escribirá para expresarse ni para conocerse a sí misma ni siquiera para entender hacia dónde se dirige. Hablará porque hay alguien que está a la escucha. Hablará porque, de repente, en el viaje hacia el pasado en el que su vida se detuvo, descubre que tiene una verdad, aunque sea pequeña, y la verdad solo nos pertenece cuando es compartida. Solo existe en el momento en el que se comparte, es decir, empieza a revelarse como verdad en el impulso de expresarla a quien puede recibirla en todo su sentido y completarla.

Al final, después de tantos años y tantas preguntas, después de tanto dolor, la mujer comprende que los porqués no importan, o al menos no es lo más importante. Lo que importa es dar el paso, vencer el miedo a la soledad o el desencuentro, una mano que se posa en un hombro y nos lleva allá donde las palabras sobran. Esta novela consigue que las palabras iluminen lo que está detrás de las palabras y nos muestren el camino.

Quizá la felicidad sea eso, un instante donde estar, un momento cualquiera en el que las palabras sobran porque se necesitarían demasiadas para poder contarlo. Atreverse a tomarlo en su condensación, sin permitir que ellas, en su afán de narrarlo, le hagan perder su intensidad

‘Una suerte pequeña’
Claudia Piñeiro
Alfaguara

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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