El misterio de lo cotidiano. Su magia, la parte oscura, su luz transparente, la sombra. No sé si se oculta o es que no lo vemos, pero está ahí, al lado de las cosas, pegada a ellas. ¿Deberíamos buscarlo o esperar a encontrarlo por azar? En la película ‘El mapa de las pequeñas cosas perfectas’ hay una escena en la que la chica se sienta en un banco de la calle justo en el momento en el que se para detrás una furgoneta que lleva dos alas enormes pintadas en la carrocería. Vista de frente, hace el efecto de que a la chica le han crecido dos alas en la espalda. Ella no se da cuenta. La furgoneta arranca y se aleja con sus alas. A veces el azar nos hace un guiño, como si las fuerzas ocultas que lo mueven nos sacudieran para despertarnos a una realidad más real que en la que estamos encerrados. Supongo que para eso sirve el arte, para recordarnos que estamos vivos y que la vida es mucho más de lo que vemos.

A la mañana siguiente de ver la película salimos a pasear y, como estaba a punto de llover, entramos en el Palacio Almudí. Hay allí ahora una exposición de la fotógrafa francesa Sophie Calle. Una decena de retratos en blanco y negro de las personas con las que la fotógrafa se encontró en un viaje a California en 1984. A cada una les hacía la misma pregunta: ¿Dónde están los ángeles de Los Ángeles? Sus historias y sus respuestas están resumidas en textos que acompañan a las fotografías, pero como los comisarios de la exposición han pensado que todos sabemos francés estuve a punto de pasar de largo. Suerte que venía conmigo mi hija, que hizo de traductora iluminando así las fotos para que cobraran vida. 

En una de las fotografías una mujer posa con un cuadro de la Virgen María: “Caminaba por Bronson Avenue cuando vi a una mujer en la puerta de su casa. Me detuve para preguntarle dónde estaban los ángeles en Los Ángeles”. Primero le dice que todos somos ángeles, pero le sugiere que vuelva otro día para así meditar su respuesta. Al día siguiente menciona a “los trabajadores voluntarios, los jubilados, los estudiantes, las madres de familia, pues todos tienen algo que ofrecer pero no esperan nada a cambio”. Sophie Calle se considera una ladrona de historias: aborda a desconocidos en la calle, los persigue como una voyeur, los invita a dormir en su cama para fotografiar sus sueños… Todo un oficio de riesgo en busca de lo invisible, lo oculto, lo ausente, lo que está a punto de aparecer. Una leve sacudida antes de pasar de largo: ¿Me has visto?

*Artículo publicado en el diario La Opinión de Murcia el jueves, 4 de marzo de 2021