Hay libros que exigen una lectura lenta y otros que se leen deprisa. Eso no quiere decir que unos sean mejores que otros. La propia historia nos lleva a su ritmo. ‘Vivir de noche’ es de los segundos y se lee a toda velocidad. Si llegas a la página 50 ya no podrás dejarlo porque a partir de ahí leer se parece a caer por un tobogán gigante sin apenas un momento de respiro.

‘Vivir de noche’ es la segunda parte de una trilogía que comienza con ‘Cualquier otro día’ y termina con ‘Ese mundo desaparecido’. Yo había leído la primera hacía mucho tiempo y casi no recordaba nada de ella. Me quedaban solo algunas imágenes, escenas fugaces y las recordaba como se recuerda un tiempo antiguo de tu vida, que sabes que fue importante aunque apenas retienes un puñado de fragmentos.

Esta novela permite recordar aquel tiempo a través de la atmósfera que envuelve la historia. Y como pasa con los recuerdos, es la fuerza evocadora de una imagen imprevista lo que te transmite el significado de lo vivido sin perder su misterio. A mí me pasó con la nieve. En cuanto aparece en la página 48, veo la conexión interna entre los personajes y el destino que les espera. En ese momento recuperé las sensaciones de aquella primera lectura.

Se quedó plantada en la acera, temblando bajo los primeros copos de nieve que empezaban a caer desde la lejana negrura del cielo..

Es una novela de gánsteres con la peculiaridad de que el protagonista es el hijo descarriado de un jefe de policía de Boston. Esta parte retoma la historia que se había detenido en los primeros años del siglo XX para narrar el ascenso en el mundo del hampa del pequeño de la familia Coughlin desde sus comienzos como atracador en los años veinte hasta su final como capo del tráfico ilegal de ron en Florida, una trayectoria atravesada de matanzas, traiciones, palizas y sobornos contada a base de descripciones implacables y luminosas (“al sonreír dejó al descubierto una hilera de dientes que parecían murciélagos colgando en un cueva”) y diálogos duros, exactos, llenos de la lúcida inteligencia de quienes utilizan las palabras con la misma audacia y desesperación que las pistolas.

A mí no me atrae especialmente la novela policiaca ni el cine de acción, pero sí disfruto con el sabor de las historias sobre las que planea la sombra de la fatalidad como en el cine negro americano. Aquí hay mucho de eso, un trasfondo trágico que se percibe como una premonición en las vidas de unos personajes que son mostrados no desde la admiración sino con la indulgencia que nos inspira quien se reconoce atrapado en la prisión de su propia debilidad y que, además, no esconde la gravedad de sus pecados.

A pesar de la extrema violencia que impregna toda la novela, Dennis Lehane no cae en la fascinación por el mal. Incluso eligiendo por protagonista a un gánster, es capaz de mantenerse en un distancia desde la que el lector podrá observar el horror sin que se sienta arrojado dentro de él. Quizá el mérito es del propio personaje y de la ambigua perspectiva que el autor elige para contar su historia. Cuando da sus primeros pasos, Joe Coughlin se presenta como un “fuera de la ley”. Es alguien que elige ‘vivir de noche’, donde no rigen las reglas de la sociedad, sino que tiene sus propias normas, entre ellas, que nadie controla la vida de nadie. Los forajidos no siguen las leyes de los hombres, sino la voluntad de la naturaleza. Pero cuando en pleno ascenso comprueba el precio que se cobra la naturaleza de la noche, acabará reconociendo que se ha convertido en todo un gánster, alguien que está dispuesto a matar. Y cuando llegue a la cima aún descubrirá algo más: matar es todo lo que hace todo el tiempo, cada vez con más facilidad, y ya no hay forma de escapar. Descubre entonces que quizá la historia que se cuenta de sí mismo, la de una víctima, solo sea un engaño, una explicación justificadora, para ocultar la verdad sobre sí mismo: en realidad, él es el príncipe de los gánsteres en cuya cercanía no puede crecer nada inocente. Esta última verdad, el castigo que se paga en la noche por los errores, no la descubrirá con el fulgor  repentino de una explosión que desvela el sinsentido de su vida hasta las últimas páginas: no hay ninguna norma

«La noche -dijo Joe-. Sabe demasiado bien. Si vives de día, sigues las normas de los demás. Por eso nosotros vivimos de noche: para seguir las nuestras. Pero ¿sabes una cosa? En realidad, no tenemos ninguna norma.”

El panorama que queda es una humanidad doliente, absurdamente perdida, encerrada en un círculo de destrucción, que no es, sin embargo, resultado de la ignorancia ni de la cobardía (el ignorante es alguien que no quiere saber), sino de la estupidez, que significa ignorar lo que sabemos.

 

  • Título: Vivir de noche
  • Autor: Dennis Lehane
  • Traductor: Ramón de España
  • Editorial: RBA y Círculo de Lectores.
  • Año: 2013

Ilustración del post: Emma (Natalia Arroyas, 2020)