«Me toca la pierna y susurra:

-Te voy a echar de menos.

Para mí, como lingüista, es una revelación la cantidad de formas que encuentran dos adultos para hablar de sexo sin que los niños tengan la más remota idea de lo que dicen.»

Tras La primera mano que sostuvo la mía, me quedé con ganas de volver a leer a Maggie O’Farrell, así es que seguí con Tenía que ser aquí y debo confesar que no me defraudó. Desconozco que si la de la familia es una temática recurrente en O’Farrell o simplemente ha dado la casualidad de que las dos obras escogidas por mí versaran sobre las relaciones entre esa serie de individuos, que la mayoría de las veces solo se parecen entre sí en lo esencial, y sin embargo están unidos por el lazo invisible pero persistente del vínculo familiar.

La autora traza los personajes con autoridad y sin pedantería, de manera que vamos descubriendo cómo son Claudette, Daniel y sus hijos como lo haríamos en la vida real: poco a poco y más por sus actos que por sus intenciones.

Esa parsimonia en la descripción y los saltos temporales que le sirven a O’Farrell para contarnos la historia en profundidad, provocan que nos cueste entrar en ella, pero -y esto es algo tremendamente personal- yo adoro esa forma de contar que tanto se acerca a la realidad de las historias. Nunca conocemos del todo a alguien y la única referencia que tenemos para saber los motivos que le inducen a hacer una cosa y no la contraria es su pasado. En ese puzzle de saltos temporales la autora se mueve como pez en el agua y no nos pone fácil entrar en la novela. El lector se sumerge en el pasado de un personaje, cree que por fin empieza a entender lo que está pasando y entonces O’Farrell regresa al presente, de la mano de otro personaje igualmente decisivo y le descoloca.  Tal vez eso, que al principio puede resultar irritante, es lo que más me gusta de Maggie O’Farrell: ella obliga al lector a prestar atención, sus novelas -al menos las dos que yo he leído, pero sobre todo esta última- demandan de un tiempo exclusivamente lector. Con las buenas novelas siempre pasa lo mismo, uno no puede dejar la lectura a medio capítulo ¡hay que acabarlo! La historia merece unos minutos extras, que se ha ganado a pulso, el resto deberá esperar.

El punto más débil de la historia es su coralidad, pero es ese carácter coral el que nos permite tener una visión global que de otra forma sería imposible conseguir… y nadie puede entender las relaciones familiares sin esa visión amplia y profunda, en la que todos tienen oportunidad de explicar sus razones, a su manera.

Como soy de la opinión de que la lectura es el resultado de una conversación interna entre el autor y el lector, creo que esta no es una novela para todo el mundo. Para mí sí. Yo conozco la importancia de los hijos del otro como elemento de unión de una estructura familiar aparentemente compleja y sin embargo sumamente sencilla cuando se mira desde el punto de vista del amor.

Me gusta la estructura, me gusta la técnica narrativa y me gusta el argumento. Si estáis dispuestos a dedicarle el tiempo que requiere, vale la pena leerla, sobre todo ahora, que evadirse, aunque sea unas horas al día, es algo necesario.

Foto de Magda Ehlers en Pexels

 

Título: Tiene que ser aquí
Autora: Maggie O’Farrell
Traductora: Concha Cardeñoso
Año de publicación: 2017
Páginas: 467
Editorial: Libros del Asteroide