«¿Sabes cuál es tu problema? Que eres inteligente, pero la inteligencia la aplicas mal. Primero me besas. Luego me dices que no querías besarme. Luego me ves mientras llevas a una miope colgada del brazo y luego quieres saber quién es el tipo con el que me viste. »

No todas las novelas sirven para todo, por eso es tan importante elegir el momento vital en el que se lee cada una de ellas y darle un voto de confianza a la decisión que tomamos cuando decidimos leerla ¿por qué elegimos esa y no cualquiera de las que habíamos hojeado antes, y muchas veces después, de tenerla en nuestras manos? ¿por qué, de entre todas las que nos ofrecía la librería online nos decidimos precisamente por esta? Sin duda algo nos llamó la atención y nos hizo pensar que había sido escrita para nosotros.

Compré Tantos días felices una tarde en la que casi había olvidado los días a los que se refiere el título existían y tal vez por eso me extraña más haber optado por esa novela. No conocía a su autora, de modo que ese no fue el motivo de la elección. ¿La cubierta tal vez? ¿Esos pares de pies que unas veces me parecían dos y otras cuatro, me hicieron personas relajadas, tal vez próximas, leyendo o tomando un café? Pues lamento defraudaros, pero seguramente fue por esa idea de confort que transmitía la cubierta, por lo que acabé comprándola. La simple ilusión de un momento de serenidad motivó una compra que, os lo adelanto desde ya, mereció la pena.

Enseguida comprobé que Tantos días felices no es una de esas novelas destinadas a pasar a la historia de la literatura, pero sí que pasaría a formar parte de mi historia lectora personal, como un punto de esperanzada inflexión. ¿Qué mérito especial tuvo esta novela? Pues uno muy simple y muy difícil a la vez: devolverme al camino de la lectura confortable, tranquila y placentera.

¿La historia? Poca cosa, excepto un grupo de personajes muy distintos entre sí, que nos muestran cómo las personas encontramos la felicidad dónde menos lo esperamos y nos recuerdan el por qué debe siempre respetarse la forma de ser feliz de cada uno. Con esa premisa de respeto a la diferencia en las aspiraciones, deseos y maneras de vivir de cada persona, está escrita y debe leerse esta obra.

Tantos días felices es una novela muy fácil de leer y por lo tanto muy difícil de escribir. La autora consiguió que viésemos el valor de los sucesos cotidianos en los que no solemos fijarnos, y quiso que lo hiciésemos nosotros, los lectores, sin que ella tuviese que enumerarlos en una lista, limitándose a contar una sucesión de hechos cotidianos y la forma en la que van cobrando importancia, hasta el punto de iluminar una vida.

Escribir así requiere una maestría rara de ver en una novela menor y leerla es una pequeña fuente de alegría.

A mí me dio lo que promete el título: unos cuantos días felices, que no es poca cosa. Yo de vosotros, no me la perdería.

LAURIE COLWIN (1944-1992) fue una escritora norteamericana. Es autora de cinco novelas, tres libros de cuentos y de dos colecciones de ensayos sobre cocina, materia sobre la que escribió en distintos medios de comunicación. Murió a los cuarenta y ocho años de edad, en plena madurez creativa.

Título: Tantos días felices
Autora: Laurie Colwin
Traductora: Marta Alcaraz
Año de publicación: 2015
Páginas: 264
Editorial: Libros del Asteroide