Inglaterra, 1860. Un niño de tres años aparece degollado en una mansión de 19 habitaciones habitada la noche del crimen por una docena de personas que se convertirán en sospechosas, pues la única certeza es que el asesinato lo cometió alguien de dentro de la casa. Las investigaciones se prolongaron durante décadas y fueron motivo de inspiración para los pioneros de la novela policiaca.

“Siempre se obtiene placer al desentrañar un misterio”.

En la novela se utilizan estas palabras de la escritora Elizabeth Gaskell para reflexionar sobre la relación entre la investigación detectivesca y la construcción de una trama que pista a pista conduce a un desenlace. Sin embargo, cuando se ha llegado a la mitad del libro, la investigación está estancada y todas las pistas parecen desembocar en un callejón sin salida. Aunque es una historia real, se transmite la sensación de que el crimen puede quedar sin resolver. Al principio, esta sensación genera cierto desasosiego: ¿para qué leer una historia de detectives sin desenlace? ¿no era el desenlace del misterio lo que producía placer? Luego el desasosiego se convierte en asombro al descubrir que el significado de esta historia está en el misterio irresoluble cuyo móvil permanecerá oculto para siempre. El mérito de la autora es sustituir la expectativa del desenlace por la tensión mucho más profunda e inquietante que crean las pistas falsas, los secretos, las lagunas, las contradicciones, los engaños, la ocultación, la búsqueda frustrada de la verdad.

“En el típico misterio de un asesinato todos los sospechosos tienen secretos y, para mantenerlos, mienten, fingen y evaden las preguntas del investigador. Todos parecen culpables porque todos tienen algo que esconder. Sin embargo, el secreto de la mayoría de los sospechosos no es el asesinato. Las novelas de detectives giran alrededor de este truco. En un verdadero caso de asesinato el peligro era que el detective fuera incapaz de resolver el crimen que le habían mandado investigar y se perdiera en la maraña del pasado, envuelto en el caos que desenterró”.

Esta cita nos da una idea de cuál es el propósito de esta novela. Se trata de una historia de detectives en la que se pone la lupa tanto en la compleja trama de la investigación como en las circunstancias del crimen. Las pesquisas del detective, las instrucciones judiciales, los secretos familiares, los rumores y las historias periodísticas van tejiendo una madeja tan complicada y misteriosa como el propio asesinato.

“En tanto un asesinato quedaba sin resolver, todo se volvía potencialmente significativo, se colmaba de secretos (…). El investigador no tenía que encontrar a una persona sino la identidad oculta de esa persona”. En el tramo final de la novela, el lector dejará de preocuparse por el móvil, y casi también del culpable, para descubrir por sí mismo dónde está lo importante. Como le ocurre al detective, el lector se convierte en maestro del misterio cuando comprende que en las buenas historias las pistas se hallan en los vacíos, en los “indicios de las cosas ocultas”.

Se ha comparado esta obra con ‘A sangre fría’, el clásico de Truman Capote, y efectivamente tiene cosas en común: la reconstrucción de un crimen real con técnicas periodísticas, el trasfondo familiar de la tragedia y, sobre todo, la atención que prestan al contexto social del crimen. Sin embargo, mientras Capote novelizó la historia, Summerscale utiliza una estrategia diferente, casi opuesta, al renunciar a las escenas dramáticas y al punto de vista de los personajes y mantenerse muy fiel a su método distante, a pesar de los riesgos que entraña en cuanto a un posible desapego hacia los personajes, a quienes se accede únicamente de forma indirecta.

Como se dice sobre su protagonista, el detective Whicher, el trabajo no consiste solo en investigar las cosas sino en ordenarlas. La maestría de la autora, ya que no aspira a igualar la belleza del estilo de Capote, se basa en la creación de suspense e interés mediante la claridad en la colocación de todas las piezas y en la combinación del relato de hechos con la reflexión sobre las implicaciones psicológicas, culturales y sociales. De ahí que su libro pueda considerarse una novela con la profundidad del pensamiento o un ensayo con la pasión de las tramas novelísticas. Todo lo que se cuenta procede de fuentes como registros de los juzgado, informes de Scotland Yard, declaraciones a la prensa, fragmentos de otras obras literarias para remarcar el contexto psicológico, etc.

Se podría decir que la autora comparte las mismas cualidades de investigación que atribuye al mejor detective: una memoria excelente, buen ojo para lo extraño, agudeza psicológica y aplomo.

De su investigación, que imaginamos tan ardua, solitaria y abismal como la de Jack Wicher o como la de Capote, surge una emocionante historia de oscuras pasiones humanas y también un retrato moral y social de una época. Y por encima de todo eso, la intuición que queda flotando hasta el final en las historias que más nos conmueven: cómo nos acercamos a la verdad solo para descubrir lo poco que significa comparado con todo lo que hay detrás de la verdad.

  • Título: El asesinato de Road Hill
  • Autora: Kate Summerscale
  • Traductor: Roberto Frías Llorens
  • Editorial: Penguin Debolsillo. Año: 2019