«En cierta ocasión, mientras nos preparaba la cena, lo oí hablar por teléfono con Melissa […] Ese era el papel en el que parecía sentirse más cómodo, el de escuchar y hacer preguntas inteligentes que demostraban que había estado escuchando».

Una de las cosas más difíciles de encontrar es una novela adictiva que además esté muy bien escrita. Sally Rooney lo consigue con “Conversaciones entre amigos” y con eso a mí, en este momento de mi vida, me habría bastado. Por supuesto, la autora me ha dado mucho -muchísimo- más. Y de eso es de lo que me gustaría hablar hoy aquí, no para convenceros de que leáis el libro, sino para avisaros de que, para alguno de vosotros, los más jóvenes, bien podría convertirse en esa referencia literaria que todos tenemos y a la que volvemos cuando necesitamos parar y tomar fuerzas para seguir avanzando.

Hasta tal punto llega la debutante Rooney, admiradora confesa de Henry James y crítica contumaz de Yeats -a quien no perdona sus coqueteos con el fascismo-, gracias a un argumento que se aferra a una idea audaz, unos diálogos ocurrentes y ese toque de frescura y de agilidad que da el sentido del humor cuando se utiliza de forma inteligentemente hábil.

El argumento, como ya supondréis, no os lo pienso contar, pero vaya por delante que leer la contraportada os puede despistar mucho. Desde luego Rooney no nos cuenta los avatares de ningún ménage à quatre como dice quién quiera que haya escrito ese resumen, sino de la lucha que cualquier persona razonable debe emprender consigo misma cuando se encuentra frente a un sentimiento tan invasor de la propia ética como es el amor, en cualquiera de sus formas. También sobre las múltiples maneras en las que las personas nos complicamos innecesariamente la vida, sobre todo si intentamos justificar las mezquindades que cometemos cuando nos enamoramos.

La novela está escrita en primera persona, todo lo vemos, única y exclusivamente, a través de los ojos de Frances, una mujer joven, inteligente, bohemia, solitaria, algo excéntrica y culta, muy culta, que intenta afrontar la construcción de su identidad adulta de una forma honesta y que aprende, poco a poco, a conocerse a sí misma a través de sus relaciones con los demás.

Frances descubre así su propia ingenuidad, pero también su capacidad para cometer las pequeñas crueldades que impregnan casi toda interacción humana, a la vez que se sorprende del poder que ejerce sobre las personas que la rodean. Por el camino, pierde la inocencia que la hacía creer que lo sabía todo y que el peor papel que le reservaba la vida era el de víctima. Y eso es lo mejor de la novela, porque vemos a Frances madurar, pasar de creer que la culpa de todo la tienen los demás a reconocer sus propias aportaciones tóxicas a las relaciones que emprende; también la vemos reconducir algunas de esas relaciones, poniendo en valor lo que tienen de positivo… y repetir algunos de sus errores, esta vez de manera completamente consciente de lo que puede esperar y creyéndose a salvo del dolor que el amor no correspondido puede provocar ¡cómo si eso fuese posible!

«Subestimas tu propio poder porque así no tienes que sentirte culpable cuando tratas mal a los demás».

Y tras decir esto solo puedo recomendaros que no olvidéis Conversaciones entre amigos y, sobre todo, que no olvidéis a Sally Rooney, porque sospecho que le quedan en el tintero muchas alegrías que darnos.

Título: Conversaciones entre amigos
Autor: Sally Rooney
Traductor: Ana García Casadesús
Año de publicación: 2018
Páginas: 336
Editorial: Literatura Random House