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Las personas silenciosas

Todo en este mundo está perdonado de antemano, y por tanto, cínicamente permitido

Milan Kundera.

 
 
 
¿Nunca, viendo el amanecer, os ha dado por pensar que ese sería el primer día de algo? ¿de que cualquier cosa, incluso la más inesperada, podía comenzar tras aquella aurora concreta? A mí me pasa; en extrañas ocasiones, pero me pasa. Luego olvido esa sensación, como nos olvidamos de los sueños dulces cuando no los apuntamos enseguida, y por más esfuerzos que hago, no sé qué era lo que con tanto empeño había tratado de grabar en mi cabeza nada más despertarme… Solo vuelve cuando la profecía se cumple. Entonces sí, entonces, junto con la satisfacción por haber recibido una innecesaria nota de disculpa (los que realmente deberían disculparse, nunca lo sienten así, solo los que nos aman acaban pidiéndonos perdón, normalmente por algo que nosotros ya hemos olvidado), la alegría por la propuesta inesperada o la emoción por un logro largamente deseado, reaparece la sensación y pienso “¡claro! era esto lo extraordinario que había de pasar hoy”. Como cuando no pasa nada, nada rememoro, el acierto de mis premoniciones se mantiene en un reconfortante 100%.

Esta semana, saliendo de la cafetería donde desayuno antes del trabajo, sentí de pronto que empezaba una época en la que podré leer mejor y escribir más. También que me espera Camus, al que me ha recordado su centenario y una extraña coincidencia de fechas que me ha hecho sentirme siempre muy cercana a él en algo absolutamente casual, pero que a mí me gusta considerar transcendente, porque le admiro. Leeré “El primer hombre“, un libro que me regalaron hace ya mucho tiempo, guardé en la biblioteca para una ocasión mejor y ha permanecido en el olvido hasta hace unos días. Estoy deseando empezarlo esta tarde y alternarlo con los cuentos de “Amistad de juventud” de Munro, que empecé ayer.

Para animarme a escribir más, solo necesito leer el texto de Faulkner. Él ya sabía el porqué yo adoro la música pero me siento intranquila al escucharla, como cuando estás en una fiesta a la que sabes que has sido invitada por compromiso y a la que sientes, nada más traspasar la puerta, que nunca debiste ir. Yo soy mujer de silencio y me gustan las personas silenciosas.

-¿Qué porción de sus obras se basan en la experiencia personal?

William Faulkner: No sabría decirlo. Nunca he hecho la cuenta, porque la “porción” no tiene importancia. Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. En mi caso, una historia generalmente comienza con una sola idea, un solo recuerdo o una sola imagen mental. La composición de la historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación. Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda. Obviamente, debe utilizar, como uno de sus instrumentos, el ambiente que conoce. Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.

Entrevista publicada en Paris Review, 1956

 

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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2 Comentarios

  1. Avatar

    Es que si no hay silencio no son posibles las palabras …

    ¡Feliz domingo!

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      Lo importante, sobre todo cuando es intenso, debemos esconderlo en ese silencio mágico que se crea entre dos frases. Si el silencio no significase nada, no podría herir. Y puede.
      Juana, perdona que haya tardado en contestarte. Ha sido una semana loca. Me gusta acercarme por aquí solo cuando estoy tranquila…. y ya ves, hasta hoy…
      Un abrazo.

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