Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre.
Bertrand Russell
Es mediodía. Apenas tengo tiempo de preparar una comida ligera. Charlamos sobre las cosas que nos pasan, porque está resultando este, para todos nosotros, un año de cambios. Hablamos de una mudanza junto al mar y de los vaivenes de la vida. También de alguien que vendrá para quedarse. Ella mientras tanto dibuja y mordisquea un helado de lima. Alguien dijo una vez que si te dan un papel pautado, lo que debes hacer es escribir por detrás.

Cae la tarde. Me envían las pruebas de un diseño. Las revisamos y estamos de acuerdo en el modelo a elegir. Después hacemos planes. Se van. Me tomo un café y subo a trabajar un rato antes de que se haga de noche. Me sorprendo pensando en alguien con quien me apetece comentar algo y lo hago sin dudar. Algunas personas levantan muros donde otras tienden puentes. Pero a veces ni siquiera somos conscientes de qué es lo que estamos construyendo.

Ya es noche cerrada. Me asomo a ver las estrellas creyendo que estaré sola unas horas. De pronto se enciende la pantalla y aparece una mano que tira de mí y me lleva a una fiesta en una playa. Yo estaba esperando otra historia, pero acabo ahí, con la brisa del mar dándome en la cara. Nos tomamos unas copas y comentamos cómo nos ha ido la semana, la suya ha sido fértil en conclusiones, la mía en dudas. Pero tendidos en la arena, contemplamos el mar y las estrellas y, fingiendo no saber que solo son agua salada y rocas encendidas, pedimos un deseo mientras notamos la humedad de las olas acercarse a  nuestros pies y cada uno se siente libre a su manera.

Mientras cierro los ojos recuerdo a Rousseau y pienso que no aprendemos… Es muy difícil someter a obediencia a aquel que no busca mandar, dijo. Pero el mundo sigue insistiendo en conseguir lo imposible.

Entonces me duermo. O me despierto, no sé.

Hace mucho calor estos días y salgo de casa lo imprescindible. Tengo poco tiempo libre y me cuesta dedicarlo a la lectura, pero he empezado a ver la serie “The Wire”, que tanto se parece a una novela. De modo que trabajo en Barcelona y descanso en Baltimore. Duermo a ratos, porque en verano el sopor nos sobreviene cuando menos lo esperamos y eso provoca que los recuerdos se entremezclen. La vida (también) es sueño.

Hoy empieza julio y es un buen día para iniciar un descanso que nos permita a todos reponer fuerzas y ganas.

No sé si regresaré en medio de la canícula o con las primeras lluvias, pero puedo aseguraos que lo haré con la esperanza de que estéis aquí a mi regreso.
¡Feliz verano, socios!

Fotografía: Amanda Irigoyen.