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Yo no quería

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Era la clase de comentario que haría un paciente cualquiera, uno de esos confortables clichés. Como la enfermera ya se iba, pensó que quizá ni le habría oído. Quizá fuera el ambiente del hospital. Te afectaba aún sin estar enfermo, te disminuía el ritmo, te volvía sumiso: te institucionalizaba. Quizá fuese la influencia del color de las paredes, del murmullo de fondo. O puede que fuera la calefacción.

Una cuestión de sangre. Ian Rankin.

Nunca espero mucho de febrero, que siempre me ha parecido un mes incoloro, inodoro e insípido; sin embargo, este año, va a tener que arremangarse y arreglar un poco el paisaje que enero ha dejado tras de sí. Aunque no me hago muchas ilusiones, sé que las cosas suceden sin tener en cuenta las etiquetas que nosotros les hemos puesto en nuestro afán por clasificarlas y así ahuyentar el miedo. Así que no penséis que soy una ilusa que cree que algo va a cambiar porque yo arranque una hoja del calendario, no sufráis por mi decepción si todo sigue igual, que lo mío no es esperanza, lo mío es algo muy distinto y más irracional si cabe. Me temo que lo mío es fe.


 

Yo no quería leer estos días. Porque quería escribir y cuando el tiempo escasea, son cosas incompatibles. Y lo que menos deseaba era leer novela negra, a pesar de que se esté celebrando su semana en Barcelona. Pero el viernes caí en las redes de un resfriado traicionero, con el que no contaba (¿quién cuenta con esas cosas, aunque estés rodeado de personas estornudando y tosiendo sin parar?) y ante lo inevitable de un fin de semana recluida en casa, sin más proyectos que tomar los antitérmicos que me recetó el médico, beber agua (mucha agua) y sujetar la caja de pañuelos de papel como si de un salvavidas se tratase, decidí hacer un alto en el camino al regreso del trabajo y comprarme una novela de esas que, aunque tú no quieras, te evaden de la triste realidad.

Hacía tiempo que le tenía ganas a Ian Rankin y su serie del inspector John Rebus, pero siempre lo dejaba para otro momento, porque quería empezar por la primera novela y ver la evolución del personaje, como suelo hacer siempre que puedo, y buscar ese primer título (Nudos y cruces) me daba pereza.

Pero el viernes me encontraba en una situación desesperada. No tenía yo el cuerpo para excursiones bibliográficas y necesitaba una buena historia de misterio (además tenía que pasarme de todos modos por la librería a comprar un libro que quiero regalarle a un amigo), de manera que me decidí por “Una cuestión de sangre”, que es, ni más ni menos que… ¡la decimocuarta entrega de la serie!… en fin… de momento, parece que valió la pena y, mucho me temo, acabaré dándole a mi librero pelirrojo la lista de las 16 anteriores a esta, porque, a pesar de las interrupciones (sueño a destiempo, medicamentos, estornudos…), me están gustando, tanto la trama, como los personajes, sobre todo Rebus.

Al final va a resultar que es verdad que los libros consuelan, porque me voy recuperando, parece que la tos remite y gracias a Rankin, no le doy vueltas a las cosas que me preocupan, ni me desespero por tener que estar sin apenas moverme, cuando hay tanto por hacer… ¡y pensar que yo no quería leer estos días!

 

¡Feliz domingo, socios!

 

P.S.: Por fin, tras darle muchas vueltas (sobre todo al dónde y al cómo), he abierto las puertas de EL CAFÉ. Algunas amigas insistían en que querían que colgase las recetas de los pasteles que tanto me relaja hacer, así que esa petición machacona, junto con la llegada de una maravillosa amasadora de repostería a casa, han hecho que me decida por fin y he optado por construir el espacio en esta misma plataforma, que me permite tener varios blogs en uno, de manera que, por fin, puedo darlo hoy por oficialmente inaugurado. No prometo nada, excepto que diré la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… ¡y no colgaré nada que, al menos tres personas, no hayan dicho que está rico!

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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4 Comments

  1. ¡Hola Begoña! ¿puedo opinar?… ¡Cumbres borrascosas, cumbres borrascosas! Es un gran libro… que decepciona a muchos que solo conocen la versión de la historia que se explica en la película (mucho más almibarada que la del libro). Esa novela solo tiene una pega: te enamorarás de Heathcliff… no hay otra… es imposible resistirse. Mira que tú te repites a ti misma que no existe, que es un personaje, que por más paseos que te des por la montaña no te vas a tropezar con él… pues no hay manera… Supongo que eso pasa porque no es de él de quien te enamoras, sino de la forma que tiene de entender el amor. Yo creo que debes leer a Emily, pero no olvides mientras la lees, que ese personaje lo inventó una mujer 😉
    ¡Que pases un buen domingo! …. accccchhhhhhhússss…

    • ¿sabes una cosa? es lo que iba a hacer…el último libro que me regaló antes que éstos, fue las poesías completas de Alberto Caeiro…tardé mucho en leérmelo, pero una vez cogí el ritmo, de momento es el mejor libro de poesía que he leído. Y es que ella me conoce muy bien; me ha dicho de él que es un libro donde las pasiones laten con corazón propio en lo bueno y en lo malo, y está convencida que me va a enamorar…así que a por él!

      Que sea leve, y gracias por la opinión que no hace más que corroborar la suya:*^.

      PD: estoy también a punto de recibir “cada siete olas”, la segunda parte de “contra el viento del norte”. Aunque conozco y he conocido muchos casos reales de ésto, no dejo de estar en ascuas por saber cómo acaba la historia.

      • Cada siete olas te gustará… pero menos que la primera. Siempre es más fácil (y más agradecido) crear intriga que resolverla… Pero si has leído Contra el viento del Norte, no te queda otra que leer esta 🙂
        Abrazos.

  2. Buenos días, Francesca.

    Todo y que dicen que los resfriados tienen su proceso y se curan solos, estoy contigo en que la mente juega un papel importante en agilizar ese proceso, mucho más que los analgésicos:D.
    No soy muy aficionada a la novela negra, la realidad y los sentimientos me tiran más. Tengo tantos libros pendientes de lectura, incluyendo los que una amiga me regala de vez en cuando, que no sé por dónde empezar…me falta tiempo para todo. Entre cumbres borrascosas y Fahrenheit 451 en versión original está mi próxima decisión.
    Enero siempre me trae mal recuerdo, como Julio en mi caso. Sin embargo, febrero me empuja mentalmente a pasar página y pensar que este momento pasará, como pasan también los buenos momentos; mientras tanto, seguiremos leyendo cosas que nos reconforten como este post:D.

    Feliz domingo.