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Un regalo

 

HORSE

 

Stand by me. Ben E. King.

El restaurante está junto a un río al que se llega bajando un camino escarpado. Los niños tenemos que esperar arriba hasta que algún adulto se apiada y nos acompaña para que juguemos en el cercado con columpios que hay junto al agua. Yo sé que será él quien adivine mis deseos y, antes de que se lo pida, se levante de la mesa y nos acompañe abajo. Deja la taza de café en la mesa herrumbrosa, se sienta en la silla de tijera y lee el periódico con un ojo, mientras con el otro nos vigila.

El balancín chirría mientras los otros padres se relajan arriba, comentando cosas que a él le deben parecer divertidas y freno bruscamente para preguntarle si se aburre. Dice que no, que vaya tontería, que se lo está pasando muy bien allí, al fresquito, viéndome jugar.

Un favor que no tienes que pedir es mucho más que un favor, es un regalo.

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Pocas cosas me intrigan más que un “tenemos que hablar” de alguien con quien puedo hablar todos los días. Como tengo una imaginación muy viva, la conversación subsiguiente siempre suele decepcionarme; nada de lo que pueda decir mi interlocutor colma mis expectativas. Siempre estoy preparada para un gran cambio, pero nunca pasa nada, porque a la gente a la que le gusta montar una pataleta, curiosamente, le asusta tomar decisiones que ayuden a que el motivo de su enfado desaparezca.

Yo sí las tomo. A ver qué pasa. Mientras tanto…

¡Feliz domingo, socios!

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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