Pages Navigation Menu

Sombras de Warhol

Shadows Estuve en el Guggenheim de Bilbao y pude ver una exposición de Andy Warhol compuesta por 102 lienzos, todos ellos del mismo tamaño, pegados unos a otros y colocados muy cerca del suelo, de modo que rodeaban la sala formando un cinturón de luz, color y sombras. Cada lienzo está pintado con trazos de color que parecen surgir de grandes manchas oscuras. Apenas hay diferencias entre ellos, como si uno fuera el eco del anterior y todos se vieran atravesados por puntos de luz que se van expandiendo a lo largo de las paredes de la sala. Me puse en el centro, recorriendo con la vista el túnel de sombras; me acerqué y miré fijamente alguna de las cavidades de luz. Quería sentir algo, ya que había llegado hasta allí y pagado los 16 euros de la entrada, pero no sentí gran cosa, aparte de una extraña fascinación y un deleite tranquilo, como si el vacío pudiera ser bello. Se estaba bien. Eran sombras, pero caseras; misteriosas, pero sin angustia. Te acercabas a ellas sabiendo que a la salida te esperaba un txakolí en un bar frente a la ría.

Cuando a finales de los 70 colgó estos lienzos por primera vez, Warhol escribió: “Las he titulado Shadows porque están basadas en la fotografía de una sombra en mi oficina. Es una serigrafía sobre la que paso una mopa con pintura. Comencé a trabajar en ellas hace algunos años. Pero cuando más trabajo es durante los fines de semana, porque entre semana suele venir gente a charlar un rato. Alguien me preguntó si pensaba que eran arte, y yo respondí que no. En la fiesta de inauguración se celebró una fiesta disco. Por eso, creo que podrían considerarse ‘decoración disco’. Esta exposición será como las demás. Las críticas serán malas, pero las críticas de la fiesta serán excelentes”. En el Guggenheim tuve la tentación de pensar que solo era una decoración bonita y superficial. Sin embargo, algo me retenía. La mirada vuela de un lado a otro, como rebotada por la luz. Todo se sucede repetido y fugaz. La belleza es aparente y engañosa. Eso es. Cuando me despertaba por las mañanas en la buhardilla donde me hospedé en Bilbao, me asomaba y miraba los tejados de la calle San Francisco, que se extendían brillantes y silenciosos hasta perderse entre la bruma, un trazo de sombra en mi ventana.

(Dedicado a Victoria Furtutu)

Imagen: Sombras (fragmento), Andy Warhol.

Artículo publicado el 7 de julio de 2016 en el periódico La Opinión de Murcia.

Quizás también te guste leer:

Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

  • facebook
  • twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *