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Novelas de amor


Siempre he dicho –porque lo creía firmemente- que no me gustaban las novelas de amor; por eso me planteé el reto de empezar con esta lista mi aportación a la sección “Los 5 del Club”. Bueno pues resulta que si en un primer momento me pareció casi imposible encontrar 5 títulos, al final los problemas vinieron por encontrar “solo” 5 títulos. De repente, todas las novelas me parecieron de amor.

Ana Karenina de Leon Tolstoi.
Hubo un tiempo en el que idolatré a los autores rusos, luego quise probar otras tintas, pero hay que reconocer que la historia de Ana Karenina y el conde Vrónsisi lo tiene todo para estar en esta lista: pasión, rebeldía, moralidad, culpa… y esa habilidad con la que solo Tolstoi puede mezclar una historia de amor adulto, adúltero y desgraciado, con otra de enamoramiento inocente, tradicional y aparentemente feliz, la de Kitty y Konstantin. Y luego claro, está uno de los mejores inicios de novela que existen:

Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. En casa de los Oblonsky andaba todo trastrocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él. Semejante situación duraba ya tres días y era tan dolorosa para los esposos como para los demás miembros de la familia. Todos, incluso los criados, sentían la íntima impresión de que aquella vida en común no tenía ya sentido y que, incluso en una posada, se encuentran más unidos los huéspedes de lo que ahora se sentían ellos entre sí.

Madame Bovary, de Gustave Flauvert.
En realidad, Emma Bovary no sostiene una sola historia de amor, sino muchas; todas ellas son intensas y acaban de mala manera. No siento especial cariño por el personaje de Emma, no la destacaría, por ejemplo, si hiciese una lista de mejores personajes femeninos, pero es precisamente lo que ocurre a su alrededor y el candor con el que parece entregarse a amores absurdos, lo que más me gusta de la novela. También que Flauvert sea capaz de escribir cosas como esta, claro:

Tantas veces le había oído decir estas cosas, que no tenían ninguna novedad para él. Emma se parecía a las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje. Aquel hombre con tanta práctica no distinguía la diferencia de los sentimientos bajo la igualdad de las expresiones. Porque labios libertinos o venales le habían murmurado frases semejantes, no creía sino débilmente en el candor de las mismas; había que rebajar, pensaba él, los discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.

Cumbres borrascosas, de Emily Brönte.

[…] Solo iba a decir que el cielo no parecía ser mi casa, y me partía el corazón a fuerza de llorar por volver a la tierra, y los ángeles estaban tan enfadados que me tiraron en medio del brezal, en lo más alto de Cumbres Borrascosas, en donde me desperté llorando de alegría. Esto servirá para explicar mi secreto tan bien como lo otro. Tengo el mismo interés de casarme con Edgar Linton como de ir al cielo, y si mi hermano no hubiera humillado a Heathcliff de esa manera, no hubiera pensado en ello. Sería una humillación para mí casarme con Heathcliff; sin embargo él nunca sabrá cuanto le amo, y no es porque sea guapo, Nelly, sino porque hay más de mí en él que en mi misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo, y la de Linton es tan distinta como la luz de la luna del rayo y la helada del fuego.

¿Necesitáis, tras leer esto, que añada algún argumento para que esté en esta lista? ¡Pues eso! en mi opinión, es probablemente, la mejor novela de amor –y solo amor- de la historia de la literatura.

Rayuela, de Julio Cortázar. Tuve muchas dudas a la hora de escoger una gran novela de amor en castellano. El amor en los tiempos del cólera podría haber sido la elegida, pero a la historia de amor eterno y prohibido entre Fermina Daza y Florentino Ariza le ganó, no la búsqueda incansable que hace Horacio de La Maga por las calles de París, sino el hecho de que Rayuela es, de largo, la novela que ha dejado algunas de las mejores frases de amor que he leído. Está en esta lista, sobre todo, por este fragmento:

Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Emma, de Jane Austen.
Porque también puede una novela cómica, ser una gran novela y porque en el amor no todo van a ser tragedias. Me encanta esta historia y siempre la recomiendo –aunque con escaso éxito, debo reconocerlo- cuando alguien me pide un título para ser leído por una adolescente. Porque eso es lo que es Emma, además de caprichosa, frívola e inocente. Cree saberlo todo de todo, también del amor, y se dedica a hacer de casamentera, hasta llegar al punto al que llega siempre la gente que se cree a salvo de cualquier cosa: ese en el que el dolor se deja sentir. Leer las correrías de Emma Woodhouse es una diversión con la que me he obsequiado en más de una ocasión –releo mucho a Jane Austen, lo confieso- y siempre he vivido la experiencia con una sonrisa en los labios.

 

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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