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New York Cheesecake

Siempre que leo una novela ambientada en Nueva York me quedo con las ganas de aprender a cocinar este pastel que los protagonistas, casi con toda seguridad, sé que acabarán comiendo, preferiblemente en una lujosa cafetería, sentados junto a una cristalera enorme, desde la que contemplarán hipnotizados el devenir de los neoyorquinos que  no tienen la suerte de estar, como ellos, tomándose un buen pedazo de cheesecake y una taza de café (esa la obvio, prefiero de largo un buen té negro y contundente).

La receta me la dio A. el jueves. A. es un compañero de trabajo que insistió en que el cheesecake que hacía su hermana era el mejor que había probado nunca y, como todo parecía indicar que era un gourmet, me decidí a hacerlo, a pesar de que es más laborioso que los pasteles que preparo habitualmente.

De entrada hay que hacer tres preparaciones (aunque todas son sencillas): la base, la masa y la cobertura. He hecho pequeños cambios en los ingredientes porque tengo dificultades para seguir una receta al pie de la letra y, sobre todo, porque creí que podrían ayudar a mejorar la textura, pero el azúcar puede ser blanquilla de grano normal y la vainilla líquida.
NYCheesecake1

INGREDIENTES BASE:

  • 1 paquete de galletas, tipo maría
  • 85 gr. mantequilla

INGREDIENTES MASA:

  • 900 gr. queso crema, tipo Philadelphia
  • 250 gr. azúcar impalpable
  • 200 ml. yogur griego natural
  • Zumo de medio limón
  • 3 cucharadas soperas de harina de repostería
  • 1 cucharadita de postre de pasta de vainilla
  • 3 huevos

INGREDIENTES COBERTURA:

  • 350 gr. de frambuesas
  • Zumo de medio limón
  • 3 cucharadas soperas de azúcar
  • 1 hoja de gelatina

 

Precalentar el horno a 200ºC. A continuación, triturar las galletas hasta obtener un polvo fino, añadir la mantequilla derretida y amasar hasta que su apariencia sea de arena mojada. Preparar un molde desmontable (en este caso era de 24 cms.) y cubrir el fondo con la masa de galleta, lo más prieta e igualada posible. Ahora es el momento de meter el molde en el congelador. ¡Ya tenemos la base hecha!

Ahora es el momento de encender el horno a 200ºC para que se precaliente y empezar a preparar la masa.

Batir en la amasadora (se puede hacer a mano, pero se requieren brazos de acero, el queso crema es muy denso y me temo que el resultado no será el mismo), batir el queso, el azúcar, el yogur, el zumo de limón, la vainilla y la harina, hasta obtener una crema fina. A continuación, incorporar los huevos de uno en uno, batiendo lo justo, porque no queremos que la masa coja aire.

Sacar el molde del congelador, echar la mezcla sobre la base de galletas e introducirla en el horno. Y ahora estad atentos, porque el sistema de horneado es muy distinto al habitual: hornear 10 minutos a 200º C + 30 minutos a 90ºC + 2 horas (mínimo) con el horno apagado. Es decir, que una vez acabada la cocción, debéis confiar en mí (como yo lo hice en A.), apagar el horno y no sacar la tarta. Las dos horas son aproximadas, de lo que se trata es de que se enfríe junto con el horno. Si, como en mi caso, la base del molde es de cerámica, al cabo de 3 horas todavía estará caliente el fondo. No importa, porque yo la saqué y quedó riquísima (tengo testigos). Pero esto no se acaba aquí.

Cuando saquéis el pastel del horno (no antes, que con la gelatina no se juega), lo metéis en la nevera y os ponéis a hacer la cobertura.

¡Vamos allá con el último paso!

Poner a hidratar en agua fría la hoja de gelatina.

NYCheesecake2En un cazito calentar las frambuesas con el zumo de limón y el azúcar y remover hasta que veáis que están desechas. Yo utilicé al final el minipimer para asegurarme de que no quedaban trozos, pero eso va al gusto de cada uno. También colé el resultante, porque no me apetecía que hubiese protestas por las semillas (otra cosa que va al gusto de cada uno, se puede hacer sin colar).

Una vez tuve la especie de mermelada de frambuesa (muy líquida) preparada, volví a meterla en el cazo y le añadí la hoja gelatina muy escurrida. Lo puse a fuego muy flojito, porque los puristas lo hacen sin volver a calentar el líquido, pero es más fácil con calor y no me resistí a la tentación. Queda bueno también.

Y ya hemos llegado casi al final. Ahora solo falta sacar la tarta de la nevera, echarle la salsa de frambuesa y repartirla bien (recordad que no hemos desmoldado la tarta todavía y eso nos ayudará a distribuir la capa de gelatina simplemente balanceando el recipiente, sin dejar marcas de cucharas y consiguiendo que el grosor sea uniforme).

Se mete otra vez en la nevera y se deja hasta que la vayamos a comer (mejor al día siguiente).

Al sacarla se quita la tira exterior del molde y, como el fondo del mío es de porcelana, yo la serví directamente allí. Antes de sacarla a la mesa, coloqué unas frambuesas frescas que me habían sobrado al pesar las de la salsa y listo.

El éxito fue rotundo, así es que vosotros veréis, pero yo no me lo pensaría dos veces y la haría en la próxima reunión familiar (salen 12-14 raciones perfectamente).

¡Buen provecho, socios!

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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