Pages Navigation Menu

Mi héroe

Mi héroe

“Es fácil decir el tiempo todo lo cura y esto también pasará. La gente olvidará y cosas como esa cuando se trata de algo que no te afecta. Pero cuando te afecta no pasa el tiempo, la gente no olvida y tú estás en medio de algo que no cambia”

Cannery Row. John Steinbeck

A mi padre. Mi héroe.

El recorrido del domingo era siempre el mismo. Me cogía de la mano y nos íbamos los dos a la pastelería a comprar una docena de lionesas (4 de nata, 4 de trufa y 4 de crema) y, al regresar, nos sentábamos en unos veladores redondos rojos, que tenían en el centro un anuncio de Cinzano. Entonces él pedía una ración de chirlas a la plancha que apenas probaba porque prefería que me las comiese yo, una caña y una Mirinda de limón que yo sorbía con una pajita de dos colores. Luego, muy cerca ya de casa, entrábamos en un quiosco y nos aprovisionábamos con su periódico y un Tío Vivo. El Azucena me lo compraba yo el lunes, al salir del colegio, porque él pensaba que era un tebeo para chicas mayores y que eran historias de amor y “de tonterías” (y probablemente tenía razón, pero a mí me gustaba precisamente por eso… y porque podía calcar los dibujos para ilustrar el álbum de manualidades de las monjas).

Siempre recordaré el día que confesé en casa que las clases de natación me aterrorizaban. La profesora nos empujaba al agua, abrazadas a una especie de barra de porexpan azul que tenía una tira gruesa de tela amarilla, que se suponía que nos libraría de ahogarnos. Cada semana, a medida que se acercaba el día de la clase yo me iba sintiendo cada vez peor, me dolía el estómago y solo deseaba que aquel tormento pasase rápido. Una noche, viendo a mi madre doblar el albornoz para meterlo en la bolsa de deporte, me puse a llorar como una magdalena, cuanto más insistía mi madre en que tenía que ir porque era importante que aprendiese a nadar, más fuerte me agarraba yo a su pantalón y más lloraba. Entonces él miró a mi madre, me abrazó a mí, dijo “¡tiempo habrá para que aprenda!” y dio fin al suplicio. Creo que fue ese el día en el que se convirtió en mi héroe.

Hace muchos años que se acabaron aquellos paseos y que aprendí a nadar. La vida unas veces me ha acunado entre sus brazos y otras ha sido menos amable de lo que yo esperaba, pero siempre la he vivido con intensidad. Mi padre me enseñó que nada bueno es tan pequeño como para no celebrarse, ni nada malo tan grande como para rendirse sin luchar.

 

¡Feliz domingo, socios!

 

FRANCESCA. Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

 

Imagen: Shutterstock.com

Quizás también te guste leer:

Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

  • facebook
  • twitter

6 Comentarios

  1. Cierto es que llevo unos días con los ánimos por los suelos. No se si con razón o sin ella. Pero tenerte a tí, saber cómo eres y estar convencido de que harías hasta lo imposible por el bien de tus progenitores, es suficiente para no tener motivos de desánimo.

    Gracias, hija, por tan hermoso como emotivo post.

    Besos.

    • No nos pongamos a dar las gracias, papá, porque yo no acabaría nunca y queda mucho por hacer. En todo caso, lo bueno que hay en mí es producto de lo que me ensañasteis, así que…
      Un beso muy fuerte.
      Te quiero.

  2. Bueno yo adoraba ir a natacion de chiquita..iba muy bien hasta q casi me ahogo un dia ,el profesor no estaba..nadie me vio! Pude salur de milagro 9 años tenia.de ahi nuncs mas volvi me imvadio un terror que hasta el dia de hoy no puedo superar..igual todavia quiero aprender a nadar!

    • Hola Norma, siempre hay tiempo, así que si te apetece puedes volver a intentarlo. De todos modos, es cierto que una experiencia de esas te pone las cosas más difíciles. Al fin y al cabo, para aprender a nadar tienes que depositar tu confianza en quien te enseña y ese tipo de profesores hace que desconfíes de todos…
      Gracias por pasarte por aquí. Vuelve 🙂

  3. Mi hija fue a varias clases de natación, era muy pequeñita, el tipo los metía en el agua y pretendía que nadasen … un psicópata de los muchos que hay. Todavía lamento haberla llevado … mi hija es un “ser de agua”, afortunadamente no tardó en descubrirlo … XD
    ¡Feliz domingo!

    • Yo no soy un ser de agua, así que me costó un poco más aprender, sobre todo después de aquella experiencia… un crack de la pedagogía era mi profesora… madre mía… 🙂
      Feliz semana, Juana, nos leemos…

Responder a Francesca Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *