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Los peces dormidos

YelBirdsMd La única realidad contra la que temía chocar era el desgaste de su amor. Para todo lo demás, incluidas las noches de espera y los engaños, se sentía preparada gracias a una habilidad de la que se enorgullecía: la credulidad ante las historias bien tramadas. Cuando él volvía tras una de sus largas ausencias, era capaz de derribar cualquier resistencia con la belleza de sus relatos. Antes de que el sueño les venciera en la primera noche de reencuentro, su historia había quedado trenzada de nuevo con la dosis justa de pasión y verosimilitud.

Una de esas noches se habían quedado hasta muy tarde sentados en la escalinata que desde el puerto deportivo ascendía hasta el promontorio sobre el mar de poniente. A medida que avanzara el verano la ciudad se llenaría de turistas, pero todavía habían podido disfrutar de unos cuantos paseos solitarios. A él le gustaba encerrarse a escribir hasta que el sol estaba bien escondido y luego salir a dar una vuelta. Ella solía acompañarlo cuando no le tocaba turno de noche en su trabajo y siempre procuraba reservarse el día libre cuando él volvía de sus viajes o cuando tenía que partir. Allí sentados en la escalinata o encaramados al muro del promontorio se empleaban a fondo en hilvanar los recuerdos de lo que no habían compartido. El mar a esas horas era tan oscuro que solo se veía la espuma de las olas como anillos pálidos alrededor de las rocas, y esos destellos de luz les tranquilizaban ante la perspectiva de la separación. De la misma forma, las palabras que pronunciaban, enfrentados a la oscuridad del mar, permanecían brillando en la noche como verdades profundas.

¿Es esta la realidad?, le preguntaba ella en cada ocasión sin encontrar nunca la respuesta, ¿Es la realidad tan difícil de retener? ¿Permanecerá invariable lo que sentimos ahora cuando despierte el día y te hayas ido? ¿Cómo podremos seguir mirando lo mismo y compartiendo la vida si te vas? Él contestaba que lo único que podían hacer era dejar que la oscuridad del mar envolviera la propia oscuridad de su amor. Y entonces le contaba la historia de lo que había pasado y de lo que iba a pasar a continuación, como si lanzara una red que al caer despertara a los peces que duermen en el fondo.

(Dedicado a P. & L.)

Imagen: Paul Klee (1879-1940). Landscape with yellow birds (1923).

Artículo publicado el 16 de julio de 2015 en el periódico La Opinión de Murcia.

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