Pages Navigation Menu

Las sombras de las cometas

beach-scene.jpg!Blog Lo que más le gustaba de ella era la confianza que parecía tener en ella misma y en la vida. Nunca supo si ella llegó a sentir algo por él, pero cada vez que se encontraban, y eso ocurrió frecuentemente durante unos años hasta que ella desapareció, una extraña intensidad le daba a entender que su amistad perduraría en el tiempo, como si esos encuentros fueran solo el preludio de algo que ocurriría entre ellos. Todavía ahora, después de tantos años sin verla, se sorprendía a veces soñando despierto al calor de un recuerdo suyo. Sabía que se estaba engañando, pero era muy dulce merodear con el pensamiento por los lugares donde ella solía aparecer.

Recordaba el jardín acristalado donde tomaban café a la salida del museo en el que ella trabajaba. A última hora de la tarde, instantes antes de que se encendieran las lámparas de las paredes, su vestido la hacía parecer recogida sobre sí misma, con una calma que se transmitía a su piel y a sus ojos. Entonces le hablaba de alguno de los cuadros de la sala que le tocaba vigilar. Como no eran muchos, se los sabía de memoria, sobre todo uno donde se veía una playa con un cielo muy azul en el que volaban dos cometas. Sobre la arena, se veía alejarse a una pareja, ella cogida del brazo de él mientras él se sujetaba con la mano el sombrero para evitar que el viento se lo llevara. Ese cuadro parecía ejercer sobre ella una rara fascinación. Le decía que algún día pintaría uno igual. Él pensaba que algún día esos paseantes serían ellos dos.

Hace muchos años que no sabe nada de ella, pero un día creyó reconocerla en una playa parecida a la del cuadro. Las sombras de las cometas revoloteaban a su alrededor y ella, con la falda recogida, jugaba a no pisarlas. Junto a ella un hombre con sombrero se reía y la empujaba un poco para evitar que se mojara. De lejos parecían muy jóvenes. El viento le trajo el olor a humedad del jardín acristalado. Tuvo la tentación de acercarse, pero se mantuvo alejado, entre las dunas.

Imagen: James McNeill Whistler. Beach Scene, 1886.

Artículo publicado el 8 de enero de 2015 en el periódico La Opinión de Murcia.

Quizás también te guste leer:

Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

  • facebook
  • twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *