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La vie en rose

The quiet manJohn Wayne y Maureen O’Hara están a punto de besarse cuando estalla una tormenta que les obliga a echar a correr para resguardarse. Él se quita la chaqueta para cubrirla y rápidamente su camisa se le empapa hasta volverse transparente, y entonces se besan por primera vez. No se dicen ni una palabra durante toda la escena. En la pantalla, al separarse, la imagen se detiene en el rostro de John Wayne, que se queda mirando al vacío con expresión severa, casi trágica. Ya escribí sobre esto el año pasado aquí, pues es el tema de la última práctica que les pongo a mis alumnos a modo de despedida de la asignatura y también de la universidad. Después de haber escrito a lo largo del curso sobre la actualidad, esta vez se trata de reflexionar, a partir de su experiencia personal, sobre esos momentos decisivos de la vida con los que abandonamos el reino de la posibilidad para ir escogiendo caminos que nos van guiando hacia nuestro destino… Se trata de escribir un texto en el que deben interpretar la mirada después del beso. ¿Qué están viendo? ¿Por qué en la culminación del encuentro amoroso sus miradas parecen expresar más gravedad que alegría?

En un primer momento los alumnos me miran extrañados, pero cuando por fin entienden lo que les pido suelen dar lo mejor de sí mismos y yo guardo sus escritos como auténticos mensajes lanzados hacia el futuro desde un lugar que no es todavía el pasado. Escriben como deberíamos escribir siempre: desde la extrañeza absoluta, sin reconocer el suelo que pisamos, a oscuras pero confiados o, como dice Marta en su texto curiosamente titulado ‘La inevitable levedad del riesgo’, “con mil pájaros en la cabeza y una adolescencia enrevesada, con un corazón roto después de un gran amor”. O con la inconsciente valentía de María José que, también atrapada entre el peso y la levedad, pero atrevida como es ella, resuelve su miedo a la felicidad desafiando a las ruinas: “son un regalo”. Pero “¿qué hacemos con las decisiones que la vida toma por sí misma, sin contar con nadie?”, se pregunta, juiciosa y prudente, Manuela. Para esos casos ella tiene un truco, pasar silbando ‘La Vie en Rose’ como si tal cosa: “Cuando él me toma en sus brazos/y me habla bajito/veo la vida de color rosa”.

Imagen: El hombre tranquilo (1952).

Artículo publicado el 7 de julio de 2016 en el periódico La Opinión de Murcia.

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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