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La puerta de la playa

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O Con las velas plegadas y el mástil apuntando al cielo, el velero permanece fondeado a unos doscientos metros de la orilla. Detrás de él, la sombra rosada del sol, escondido más allá de las dunas, al otro lado de la playa, se extiende por la línea del horizonte. A la derecha del velero, todavía muy baja, la luna creciente casi roza las rocas del espigón. A los pies de la torre del socorrista, un grupo de jóvenes se han sentado sobre sus toallas formando un círculo pequeño. El dueño de la caseta de bebidas ordena los almohadones sobre los palés ahora que está solo. El faro se acaba de encender y lanza ya sus mensajes al fondo del cielo. El mar está en calma y su azul intenso empieza a tornarse gris a la luz de la luna.

Entro en el agua para sumergirme en la imagen que describo. Repito una frase que acabo de leer de Louis Aragon en ‘El aldeano de París’: “El amor es un estado de confusión entre lo real y lo maravilloso”. La arena se oscurece y la playa se envuelve en sombras. La imagen me hace creer que he vuelto a un lugar construido por el tiempo. Nado un poco, el agua está caliente en la superficie, pero en el fondo noto corrientes heladas. Después camino por la orilla y a mi paso, como si hubiera traspasado una puerta secreta, la playa se ensancha y se mueve lentamente al ritmo de las olas como un espejismo que disipa el presente. Me dejo arrastrar. Sé que mis ojos me engañan. El pasado se ha ido, pero está aquí. Me muestran algo que cuesta identificar cuando apenas se distingue ya nada en la playa. Está hecho trizas, pero cada fragmento es tan puro que duele verlo. “¡Qué bellas estáis, columnas de humo, en vuestros castillos de arena!”

El rumor de las olas se traga todos los sonidos. Me invade un sentimiento de extrañeza, pero a la vez de coherencia que no necesita ser explicada. Qué lejos se ve el final de la playa, como si todo se hubiera expandido y nadie esperara que encontraras la puerta para ir en su busca. Pero yo estoy dentro y paseo por los caminos que dejan las olas al retirarse. Me pregunto quién guía mis pasos y hacia dónde voy.

Imagen: Café Lisboa (2016), E.A.

Artículo publicado el 18 de agosto de 2016 en el periódico La Opinión de Murcia.

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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