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La noche del regreso

Captura de pantalla 2015-10-15 a la(s) 21.47.07El instante más hermoso del viaje fue el regreso. Casi me di cuenta, pero la tristeza había asomado a sus ojos de una forma tan rápida y repentina, cuando nos sentamos los dos por última vez delante del castillo, que, por pudor, no me atreví a mirarla. Era como subir a un tren que nos lleva a una vida nueva. De la misma forma que durante el viaje los pensamientos vuelan hacia un futuro que no terminará nunca, desde un pasado que no dejará de reclamar sus dominios, en sus ojos vi el comienzo de una noche infinita.

No hubo aventuras extraordinarias durante el viaje, pero ese instante último se hundió en el aire y se detuvo entre nosotros, palpitante y frágil como una huella en la nieve recién caída. Y entre nosotros y esa tristeza del regreso había solo la oscuridad de esa noche y el miedo a no tener ya dónde regresar. De repente, la ciudad me parecía lejanísima, como si la voz de esa noche infinita se elevara desde el foso del castillo para decirme que no debía volver. Quizá todo era una ilusión, pero ¿quién sabe qué caminos elige el azar para cruzarse en nuestras vidas?

Habíamos dejado las maletas ya preparadas en el hotel, pues el avión salía a primera hora de la mañana, y habíamos bajado a dar un último paseo por la ciudad. Las velas alumbraban las mesas de otras parejas que, como nosotros días antes, cenaban en el jardín de la piazza Repubblica, las banderas ondeaban en el palazzo Arcivescovile frente a la catedral, en cuyas escalinatas conversaban grupos de jóvenes, mientras al fondo de la plaza las ventanas de la librería permanecían encendidas. Nos sentamos en la terraza del Giori y pedimos unos spritz, Cuando nos los sirvieron y ella levantó la mirada hacia la estatua de Savonarola supe que aquella noche no terminaría nunca.

El presente iba a convertirse en seguida en pasado. La tristeza del regreso que vi en sus ojos me me llenó como una declaración de amor y tuve la certeza de que ella seguiría conmigo. Y no me importó que fuera una ilusión más de aquella ciudad encantada. No sabemos hacia dónde vamos ni qué buscamos. ¿Qué permanecerá? ¿Qué nos traerá la memoria? ¿Qué nos contará la noche infinita cuando caiga sobre nosotros el imperio del recuerdo?

Imagen: Castello Estense, Ferrara (E.A./2015).

Artículo publicado el 3 de septiembre de 2015 en el periódico La Opinión de Murcia.

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