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Joseph Anton, de Salman Rushdie

Joseph Anton es el nombre que eligió Salman Rushdie para su vida de reclusión forzosa provocada por la sentencia de muerte dictada por el régimen del ayatolá Jomeini tras la publicación de su novela ‘Los versos satánicos’, considerada blasfema por los dirigentes teocráticos iraníes. El escritor británico de origen indio escogió los nombres de pila de dos novelistas a los que admiraba: Conrad y Chejov. Con ese sobrenombre se disponía a afrontar una situación de destino incierto tan inédita como inhumana. Con esa elección parecía decir que por la literatura, su vocación y su razón de ser, veía su vida amenazada y por la literatura sobreviviría o sucumbiría.

“Conrad, el creador translingüe de personajes errantes, perdidos y no perdidos, de viajeros al corazón de las tinieblas, de agentes secretos en un mundo de asesinos y bombas, y de al menos un cobarde inmortal, ocultándose de su vergüenza. Y Chejov, el maestro de la soledad y la melancolía, de la belleza de un viejo mundo destruido, como los árboles en el jardín de los cerezos, por la brutalidad de lo nuevo; Chejov, cuyas Tres hermanas creían que la vida real estaba en otra parte y anhelaban perpetuamente un Moscú al que no podían volver: esos eran ahora sus padrinos”.

Este libro, subtitulado ‘Memorias’, es el relato de los once años que permaneció protegido por la policía en unas condiciones terribles de encierro que lo obligaron a vivir al margen de la sociedad más allá de sus encuentros con familiares y amigos y sus esporádicas participaciones en actos públicos. Está escrito en tercera persona, como una forma de resaltar el enorme desafío que supuso aquella experiencia para su identidad como persona y como escritor. Con la elección de esta perspectiva consigue mostrar el poder de la literatura para defender la verdad y la libertad frente a cualquier ataque de los intolerantes. “En medio de ese silencio roto por los pasos, cayó en la cuenta de que ya no entendía su vida, ni en qué se había convertido, y por segunda vez ese día pensó que quizá ya no quedara gran cosa de la vida que entender”, escribe Rushdie en los primeros días tras la ‘fetua’, cuando las manifestaciones de islamistas en Pakistán al grito de ‘Ahorcad a Satán Rushdy’ causaron los primeros muertos.

A partir de ese momento, las experiencias que vivirá el escritor dan pie al planteamiento de algunos temas cruciales que son los que aportan el interés, por su universalidad, a esta obra. En primer lugar, por supuesto, la propia peripecia individual de su protagonista, cuya vida se vuelve del revés cuando tuvo que reinventarse recogiendo cada uno de los pedazos de lo que había sido su existencia hasta ese momento: su matrimonio, la relación con su hijo, sus amigos y su trabajo como escritor. En segundo lugar, el debate sobre el valor de la literatura, el compromiso del escritor con la realidad de su tiempo, su responsabilidad con respecto a los efectos políticos de su trabajo y, principalmente, el alcance de la libertad de expresión y las amenazas de la intolerancia. Estos dos niveles temáticos se superponen a lo largo del relato de modo que no hay ideas que se expongan de forma abstracta, sino que cada reflexión está impregnada del caso concreto que las provoca, en medio de las circunstancias personales y con toda la carga emocional que las condiciona. De este entrelazamiento de las grandes ideas del debate público con las decisiones que cada persona implicada debe tomar surgen las mejores páginas del libro y, en definitiva, el sentido profundo de una obra que ha sido considerada por algunos críticos como la mejor de Salman Rushdie.

Con respecto a ese nivel que tiene que ver con el destino personal, hay una frase extraída de la novela ‘Hijos de la medianoche’ que el narrador se repite a sí mismo para expresar su sentimiento de indefensión unido a la perplejidad de vivir en carne propia esa intuición que cualquier novelista tiene sobre la fragilidad de la vida cotidiana: “La mayoría de las cosas que importan en nuestra vida ocurren en nuestra ausencia”. ¿Cómo recuperar la confianza en la realidad cuando en un instante todo lo que uno es se viene abajo por la decisión que unos lunáticos han tomado al otro lado del mundo? Como en la metamorfosis de Kafka, una buena mañana constata que no existe nada que pueda llamarse vida normal. Y lo que es más terrible: es una visión sin escapatoria. Aquí no hay autoengaño que valga. “Y lo que quedó a la vista no era la belleza surrealista del mundo, sino su monstruosidad brutal. Le correspondería a él, en los años posteriores, redescubrir, como hizo la Bella, la belleza de la Bestia”. En esta parte juegan un papel fundamental la relación con su hijo, el redescubrimiento del amor y la amistad incondicional de un puñado de amigos en un camino lleno de momentos de desesperación.

En el aspecto político, ideológico e histórico, el relato de Rushdie ayuda a entender los orígenes y la consolidación de un cambio de las mentalidades y sus efectos en el nuevo rumbo que ha tomado el mundo. Como en las mejores novelas, una peripecia individual sirve de catalizador de los conflictos humanos y políticos de un momento concreto de la historia. ‘Los versos satánicos’ fue publicada el 26 de septiembre de 1988 en un mundo que era un volcán a punto de erupción. Y todo lo que desencadenó su lectura refleja los cambios que se iban a producir a partir del prodigioso otoño del 89 con el derribo del Muro de Berlín. Superado el enfrentamiento comunismo-capitalismo, la cultura y la ideología empezarían a alimentar los nuevos conflictos de identidad. En ese nuevo campo de batalla, la novela “blasfema antiislámica” de Rushdie sería pretexto para enfrentamientos diplomáticos y llamadas a la guerra santa en un nuevo dilema ideológico que obligaba a todos a tomar partido. En esta encrucijada el mundo de la política y de la cultura se vio retratado y Rushdie aprovecha para saldar cuentas con todos aquellos que, por cobardía, por cálculo político o por escaso aprecio a la libertad, se doblegaron a las amenazas islamistas y reaccionaron con tibieza a las peticiones de auxilio de un hombre que en aquel momento era el símbolo del pensamiento libre y del arte como expansión imaginativa del mundo. Hubo muchos intelectuales que le apoyaron en defensa del derecho a pensar y expresarse libremente y aquí están representados por los editores que siguieron publicando sus libros, libreros que se arriesgaron a actos de sabotaje y escritores como Amis, Grass, Fuentes, Vargas Llosa, Bellow, Pinter y muchos otros que de forma inequívoca mantuvieron viva su causa.

Los que peor parados salen son algunos políticos, los medios de comunicación y autores como Mahfuz, que justificaron indirectamente la condena del libro al considerar que la libertad de expresión no podía sobrepasar los límites de la difusión de ideas ofensivas para una parte de la población, en este caso los creyentes musulmanes. También ajusta cuentas con algunos intelectuales de izquierda como Berger y Le Carré, que en el nombre del ‘pueblo’ caían en un relativismo cultural cuyo primer sacrificada sería la libertad de expresión, como cuando el famoso escritor de novelas de espías, dando voz a esa corriente de opinión que retiraba a Rushdie el papel de víctima para presentarlo como el auténtico provocador por su arrogancia, dijo: “No creo que estemos autorizados a tratar de manera impertinente a las grandes religiones con impunidad”.

Describiendo el avance de la intolerancia, el libro plantea cuestiones morales, políticas e intelectuales de vital importancia. Entonces podía parecer que el suyo era un caso aislado. Treinta años después hemos visto cómo el odio que impulsaba ese nuevo fanatismo ha llegado también al umbral de nuestras casas. El libro termina poco después del atentado contra las Torres Gemelas. La batalla continúa.

SOBRE EL AUTOR

Cuando en 1988 recibió la amenaza de muerte por la publicación de ‘Los versos satánicos’ era un autor ya reconocido gracias a la obtención del premio Booker, el galardón literario más prestigioso del Reino Unido, por su novela ‘Hijos de la medianoche’. Rushdie (Bombay, 1947) ha tratado en sus novelas asuntos relacionados con la cultura y los problemas sociales de su país de origen, India, con un estilo imaginativo en el que se mezclan el mundo real y la fantasía. Ninguna de sus obras más recientes, ‘Shalimar el Payaso’ o ‘La encantadora de Florencia’ ha sido acogida por la crítica con el mismo entusiasmo que sus primeras novelas. Durante su cautiverio, escribió seis libros, entre ellos las novelas ‘El último suspiro del moro’ y ‘Furia’, el cuento infantil ‘Harún y el mar de las historias’ y un volumen de ensayos. Escribir es lo que le salvó, según él mismo confiesa: “Lo que me rescató es ser escritor. Porque los escritores estamos acostumbrados a la soledad, a estar sentados solos en una sala de redacción y a hacer mucha introspección, y a meternos en nosotros mismos. Eso es un proceso normal de cualquier escritor. Y por tanto, esto significaba que, en aquellos años, para poder mantenerme vivo, para mantenerme psicológicamente en orden, el hecho de poder escribir fue una forma muy importante gracias a la cual pude sobrevivir”.

‘Joseph Anton’ fue publicada en España por Random House en 2012 y Debolsillo en 2014, con traducción de Carlos Milla Soler.

La última novela de Rushdie publicada en España es ‘Dos años, ocho meses y veintiocho noches’ (Seix Barral).

Imagen: Salman Rushdie con un ejemplar de su libro ‘Los versos satánicos’ en una fotografía de Graham Turner

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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