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Inmersión, de Lidia Chukóvskaia

Inmersión

 

“Nada como la impotencia de la traducción revela mejor que los versos no sólo se construyen con palabras, ideas, pies métricos e imágenes, sino también con el tiempo que hace, el estado de ánimo, el silencio, la separación… Que los poemas se forman no sólo con las líneas negras de los caracteres tipográficos, sino también con los espacios entre las líneas, con las profundas pausas que regulan la respiración… y el alma… ¿Cómo traducir los espacios en blanco entre los versos, esa provisión de aire con la que se inflan los pulmones entre dos cuartetas?.”
Inmersión. Un sendero en la nieve. Lidia Chukóvskaia.
Postfacio de Marta Rebón y Ferran Mateo.
Notas de Ferran Mateo.
Traducción de Marta Rebón.
Editorial Errata Naturae, 2017.

Lo primero que hay que aclarar antes de hablar de esta novela es que no es una novela al uso, sino que se aproxima más a la autoficción literaria, tan denostada últimamente, pero que logra alcanzar en Inmersión una altura difícil de superar. El personaje principal, Nina Sergeievna, no es otra cosa que el alter ego de la autora, que no disimula esta vez -como ya hizo en una novela anterior- su conocimiento doloroso de los hechos que narra.

Y hay que saber que Lidia Chukóvskaia es Nina Sergeievna porque solo así se explica la tremenda humanidad que comparten todos los personajes de esta extraña ficción en la que los acontecimientos más dramáticos se encadenan sin sobresaltos, casi podría decirse que impregnados de una estremecedora rutina.

Entre los meses de febrero y marzo de 1949, Nina Sergeievna, traductora de Moscú, es invitada por la Unión de Escritores a pasar 26 días en una casa de campo finlandesa en donde convivirá con otros intelectuales adeptos, en su mayoría, al partido bolchevique. Nina, casada con un científico represaliado, con una condena a “diez años sin correspondencia y confiscación de bienes” -un eufemismo que significa en la práctica una condena a muerte prácticamente inmediata-, traduce un texto para su editorial mientras conversa con el resto de internos sobre Pushkin, Pasternak y otros grandes literatos con los que el poder soviético tuvo una relación extraña en la que se entremezclaron el ansia de dominar su pluma con la admiración hacia lo que eran capaces de escribir con ella.

Pero Nina hace algo más, Nina escribe un diario sobre los acontecimientos que ha vivido, los que sospecha, los que teme haber vivido sin saberlo… Para ello, cada tarde, a solas en su habitación, realiza lo que ella llama inmersiones en su pasado con Aliosha, su marido, un científico que nada hizo excepto lo que se esperaba de él: cuestionarse lo que ocurría a su alrededor. Nina siempre sale de esas inmersiones herida y solo la poesía logra atenuar su dolor.

El resto es mejor que lo descubráis vosotros, pero no esperéis intriga ni desasosiego, porque todo en esta llamémosle novela está impregnado del ambiente glacial del lugar donde ocurren los hechos. El frío aturde, anestesia, quema… y Nina, desde ese exilio interior en el que se sumerge día tras día, nos arrastra suavemente con sus palabras hasta ese corazón helado y poderoso que tanto contrasta con la determinación obcecada con la que la autora defiende la necesidad de rebelarse contra el silencio con el que tantos se protegen al sentirse amenazados. Todo aparenta languidecer en el bosque helado y sin embargo…

Dudo que vuelva a leer una novela mejor este año, pero también dudo de que a todo el que lo lea le guste, de lo que sí estoy segura es de que si le dais una oportunidad no tendréis la sensación de haber perdido el tiempo porque sabréis, desde el primer minuto, que estáis ante una obra magnífica, de prosa sencilla e infinitamente bella.

——

El marido de Lidia Chukóvskaia, Matvéi Bronstein, fue arrestado en 1937. En una de las muchas colas que tenía que realizar para poder interesarse por su suerte y enviarle cartas y paquetes de comida, coincidió con la poeta Anna Ajmátova, la autora de Réquiem. Compartieron una amistad, que se prolongó durante más de treinta años, sobre la que Chukóvskaia escribió Apuntes sobre Anna Ajmátova.

En 1974, Lidia Chukóvskaia fue expulsada de la Unión de Escritores, organización literaria oficial, por defender a los disidentes Brodsky, Sájarov y Solzhenistsin. Fue readmitida en 1988 y solo entonces sus obras empezaron a publicarse.

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