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En la ciudad líquida, de Marta Rebón

La escritura, la lectura, la traducción, el amor, el viaje, la fotografía… ¿Qué tienen en común? Al principio de este libro, Marta Rebón recuerda una historia de Jhumpa Lahiri sobre una mujer que quería ser otra persona. Cuando pensaba en su pasado, imaginaba una mejor versión de lo ocurrido, cada momento de su existencia lo veía susceptible de mejorarse, “como el primer borrador de un libro”. Ese sentido de la imperfección, vivido no con pesadumbre sino como estímulo de libertad y la necesidad de afrontarlo con la mirada del arte impregnan cada una de las múltiples historias que se entrelazan en este libro de memorias y reflexiones donde su autora se pregunta: “¿Acaso escribir no es un homenaje prolongado a la imperfección?”.

En un primer capítulo maravilloso, Marta Rebón entrega al lector el mapa personal que le orientará en las páginas siguientes: los lugares a los que le llevó sus estudios de filología eslava, la compañía de los escritores cuyas obras traduce, el aprendizaje del sacrificio y la generosidad a través de la tarea de la traducción o el descubrimiento de que la belleza de la vida se revela en los límites, de la misma forma que en las fronteras se pone a prueba el amor. La misma metáfora del buceo que utiliza la autora para describir el acto de traducir novelas nos sirve como lectores de su libro para avanzar a través de sus vivencias:

“Hay que sumergirse en las profundidades de una voz ajena que, si es lo suficientemente embriagadora, sugestiva e inteligente, logra hundirte en una placentera suspensión del tiempo…”.

Y esa voz embriagadora ¿adónde nos lleva? Pues a los lugares que han significado algo importante en la vida de Marta Rebón y que, por lo tanto, están recorridos por el misterio de la imaginación y lo imprevisible del destino. Cada lugar se recrea con las realidades inciertas del inicio de una aventura vital y con los paisajes nacidos de la lectura de novelas. De esta manera, todo lo que ocurre en este libro tiene algo de mágico y de fascinante, como si las ciudades que habita y las casas en las que escribe su autora se mostraran en varias dimensiones: lo vivido por ella misma, pero también por los personajes que invoca en sus lecturas y traducciones. Vemos aparecer así, con la mayor naturalidad, al doctor Zhivago y a su amada Lara mientras la autora se instala en su escritorio de Quito y mira por la ventana hacia la Selva tropical imaginando cómo Pasternak lo haría en su dacha en medio de la estepa rusa.

Así ocurre en cada uno de los diecisiete capítulos, abiertos con citas muy bien escogidas e ilustrados con fotografías, hasta completar un recorrido muy personal lleno de interesantes reflexiones sobre la literatura y la traducción y de breves, pero intensas, historias de novelistas y sus personajes, fundamentalmente de la cultura eslava, con los grandes escritores rusos como protagonistas: Dostoievski, Pushkin, Tolstoi, Ajmatova, Grossman, etc.

La literatura, por lo tanto, ocupa un lugar destacado en este libro. Pero hay algo más que hace que no sea solo una colección de ensayos. La literatura es protagonista porque es importante en la vida de Rebón. Las historias sobre los escritores que ha conocido son interesantes, pero lo que de verdad interesa es ella misma y su búsqueda. Es ahí donde encontraremos la clave que da sentido a todo lo que se cuenta. Al principio, al lector le asalta una duda: ¿qué hace? ¿divaga? ¿deambula? Ella misma dice que hay personas que “necesitan ir al encuentro de nuevas ciudades para completar el rompecabezas de su geografía íntima”. Y luego añade: “solo existe lo que se amó”. Y también, citando a Magris: “para ver un lugar es preciso volver a verlo”. Viaje, amor, vida, literatura… No hay divagación, pues cada historia parece añadir un vínculo que nos une a lo que hemos amado. Tampoco deambula, pues cada paisaje, ya sea el desierto o la estepa, extiende un silencio dispuesto a acoger las voces de todos esos escritores y en cuyo eco, en las palabras de Marta Rebón, se reescribe la mejor versión de la vida.

SOBRE LA AUTORA

Marta Rebón (Barcelona, 1976) es traductora, fotógrafa y crítica literaria. Ha traducido algunas de las mejores obras de la literatura rusa como ‘Doctor Zhivago’, de Boris Pasternak, o ‘Vida y Destino’, de Vasili Grossman También es obra suya la versión española del libro de memorias de Iliá Ehrenburg, ‘Gente, años, vida’.

‘En la ciudad líquida’, publicado por Caballo de Troya, es su primer libro, “una carta de amor a la literatura”, según sus palabras. En esta entrevista de Página 2, Marta Rebón explica lo que significa ser “adicta a tierras extrañas”: “Cuando lees creas un mapa imaginario”.

La imagen es de Ferran Mateo, compañero de viaje de Marta Rebón y autor de muchas de las fotografías del libro ‘En la ciudad líquida’.

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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