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En aquellos tiempos

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Aquellos tiempos

“Durmió sin saberlo, pero sabiendo que continuaba viva en el sueño, que le sobraba la mitad de la cama, y que yacía de costado en la orilla izquierda, como siempre, pero que le hacía falta el contrapeso del otro cuerpo en la otra orilla. Pensando dormida pensó que nunca más podría dormir así, y empezó a sollozar dormida, y durmió sollozando sin cambiar de posición en su orilla, hasta mucho después de que acabaron de cantar los gallos y la despertó el sol indeseable de la mañana sin él. Solo entonces se dio cuenta de que había dormido mucho sin morir, sollozando en el sueño, y que mientras dormía sollozando pensaba más en Florentino Ariza que en el esposo muerto”

El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

 

Solo he faltado a mi cita con este blog una semana, pero el tiempo ha pasado veloz y repleto de emociones desde esa última vez que escribí aquí.

Si es verdad que vivir no es más que transformarse día a día en esa otra persona que serás tú mismo en el futuro, entonces puedo afirmar que en estas dos semanas mi piel ha mudado más deprisa. Me miro en el espejo y veo un borroso reflejo de mi nuevo yo, que nace al olor de la primavera tardía.

Sueño que me convierto en la mujer serena que siempre aspiré a ser, mientras leo “El amor en los tiempos del cólera” (una primera edición que Editorial Bruguera publicó en diciembre de 1985; un lujo) y me hago cruces por no haber leído esta novela hace años. Aunque posiblemente entonces, antes, no la habría entendido como ahora. ¡Qué absurdo me hubiese parecido el amor de Florentino Ariza y su constancia sentimental frente al desprecio y al paso del tiempo! y, sin embargo, qué bien lo comprendo ahora.

Hubo un tiempo en el que a García Márquez y a mí nos separaban apenas 200 metros en el mundo de los mapas (en el de las emociones, la distancia entre nosotros era enorme y en el de las palabras, me temo que entre él y yo existirá siempre una sima insalvable); cuentan que él escribía “El otoño del patriarca” mientras yo me aplicaba en aprender ecuaciones, que nunca sabré si me han servido o no de algo, en un colegio cercano a nuestras casas.

Dicen que, al anochecer, dejaba la pluma y salía a recorrer las calles, y supongo que nos cruzamos más de una vez, los dos en tránsito, entre la luz y las sombras. Él partiendo hacia el murmullo de una ciudad que todavía no era decadente, yo regresando de la rutina cotidiana de alguna absurda extraescolar.

Y su guayabera blanca, como un faro en medio del ocaso. ¡Qué grande, Gabo! y cuánta razón tenías cuando decías que “El amor en los tiempos del cólera” era tu mejor libro…

 

¡Feliz domingo, socios!

 

FRANCESCA. Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

 

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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2 Comments

  1. Leí hace muchos años “El amor en los tiempos del cólera” no me parecía de García Márquez, es inusualmente “lineal” para ser escrito por él … “viví” ese amor “sencillo” que dura y dura a través del tiempo …
    ¡Feliz domingo!

    • Hola Juana, a mí es que me parece que todos buscamos repetir la experiencia de “Cien años de soledad” cuando leemos a García Márquez y el resto de sus novelas no ese le parecen. “El amor en los tiempos del cólera” me está gustando más que “El coronel no tiene quien le escriba”… ¡qué ya es decir! porque esa novela me encantó.
      Los amores hay que trabajarlos mucho para que no se compliquen, así de entrada, de “sencillo” el amor tiene poco… pero los que resisten al tiempo atesoran una magia especial, porque indican, entre otras cosas, que hay dos seres que luchan un poco cada día para merecerse el amor del otro…
      ¡Feliz semana! y gracias por venir.