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El sentido de la posibilidad

La realización me atrae siempre menos que lo no realizado, y con ello no me refiero sólo al futuro, sino igualmente a lo pasado y perdido. Me parece que nuestra historia se repite cada vez que realizamos una parte de nuestras ideas: tanto gozo nos proporciona que nos olvidamos de completarla. Grandes instituciones son a menudo esbozos desaprovechados de ideas; y por lo demás, también algunas personas,

El hombre sin atributos. Robert Musil.

 

Hay días, como hoy, en los que siento que el mundo es un profundo misterio para mí y yo soy un absoluto enigma para el mundo. No es que no nos entendamos, es que ni nos conocemos, ni parece que vayamos a hacerlo nunca del todo.

En “El hombre sin atributos”, Robert Musil hablaba, entre otras cosas, del sentido de la posibilidad. “Si al que posee el sentido de la posibilidad se le demuestra que una cosa es tal como es, entonces piensa: probablemente podría ser también de otra manera”. Yo tengo ese sentido, que unas veces se manifiesta en forma de perfeccionismo (todo puede hacerse mejor) y otras adquiere los rasgos propios de la cristiana resignación (siempre podría haber sido peor).

Os cuento esto para que sepáis que, desde hace ya más de un mes, recorro trastabillando los días laborables para quedarme finalmente varada en casa los festivos, y resignarme es lo único que evita que me desespere. Se amontonan las cosas que quiero (y debo) hacer y no he hecho todavía, altero otras agendas (e ilusiones) además de la mía y aunque me gusta planificar las cosas y no ir corriendo a todos sitios, sé que al final será así como llegue a los cierres de algunos proyectos y a los compromisos navideños… que no sé qué es peor. Mi espalda tiene sus propios y secretos planes. Espero que cuando los revele no me amargue la fiesta en la que se ha convertido mi vida desde que he optado por tener memoria selectiva y olvidar, a la velocidad del rayo, las estupideces cotidianas, sobre todo las ajenas – de las propias existe la posibilidad de aprender y, solo por eso, ya vale la pena dedicarle un tiempo al análisis y la reflexión-.

Pero, como digo, es mi espalda quien marca el ritmo de mi actividad estas últimas semanas y no hago otra cosa que leer –novela negra, por sus conocidas propiedades calmantes- y tomar té, tal vez porque ver la tetera humeante en la mesilla ,junto a mi sillón de lectura, me ayuda a fingir que mi reposo es fruto de una elección libre… y creerse libre, cura.

Hoy el cielo está teñido de un azul que aventura frío. Yo, recluida en mi refugio, me envuelvo en un chal y casi puedo ver como la mesilla abarrotada de libros pendientes va adquiriendo, poco a poco, la forma de una auténtica y maravillosa tabla de salvación.

 

¡Feliz domingo, socios!

 

Imagen: Shutterstock.com

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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2 Comentarios

  1. Hola, Francesca.

    Tiempo sin aparecerme,cosas de la inspiración. El frío me abre un cobijo entre las letras.
    La posibilidad es la luz que alumbra las esperanzas más remotas, incluso aquellas que probablemente sólo uno comparte, más la duda de no saber con certeza si es unilateral es la que alimenta ese sueño (me refiero a las del sentimiento).

    Me falta tiempo para mis pasiones, me falta tiempo para mis obligaciones, es lo que hay. Tiempo de salir a ese frío azul del incipiente invierno mediterráneo. Como siempre, un placer leer tus post.

    Un abrazo,

    • El tiempo es finito y hay que priorizar, aunque el criterio para hacerlo no pueda ser siempre el de anteponer lo que más nos gusta a todo lo demás. Yo también ando recortando minutos de aquí y de allá para leer un poco y para escribir, pero parece que el reloj se me resiste…
      No importa lo que tardes en volver, Begoña, siempre serás bien recibida. Para mí también es un placer leerte.
      Un abrazo.

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