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El mensaje del hielo

tumblr_nl2zg5K9fq1s0u653o1_1280Por fin. Un día de febrero que se parece a un día de febrero. El hielo cubre los parabrisas de los coches y las hojas resplandecen en los bordillos. Dos niños caminan despacio cogidos de la mano. De pie en la acera, mientras esperamos junto al semáforo, nos protegemos del viento con las bufandas, pero aún así la mirada se nubla como si el aire tuviera cristales. Los gorriones hacen equilibrios en los setos y revolotean alrededor del buzón de correos como si anunciaran un aluvión de buenas noticias: lo que uno ya no esperaba puede ocurrir. Es una de esas mañanas que sale a nuestro encuentro y nos empuja suavemente, sin más razones que su aire cristalino, sin más propósito que iluminar la ciudad, hacia un final feliz. Nos hace sentir que, estando en medio de la semana, estamos todavía a tiempo. Quizá sea solo una ilusión, pero se puede sentir que todo cuanto deseamos está ya deshaciendo su nido para echar a volar.

Hay hielo por todas partes. Decido pasar de largo, pues hoy no me importa llegar tarde a donde no quiero ir. Me dejo llevar por las calles. Cruzo por debajo del arco, camino un rato por el bulevar y antes de llegar a la plaza doblo la esquina por una calle adornada con parterres de hierbabuena, pero sin árboles, y flanqueada por edificios altos con bajos comerciales. Paso por delante de una frutería y de un kiosco con los montones de periódicos todavía atados con cintas. En la puerta de una confitería una mujer con uniforme fuma y se toma un café. El hielo cubre las ventanas y bajo su fría luz todos parecemos pasajeros recién desembarcados. Ocultando lo que hay dentro, también lo llena de vida y nos hace imaginar una luz más cálida en su interior. Un chico se arrima al escaparate de una joyería y de espaldas a la luz se quita los guantes y frota la pantalla de su móvil. La puerta del café se abre un instante y en el calor que exhala imagino una vida que quema como el hielo, despertando lo que estaba dormido. El hielo empieza a desaparecer y pronto parecerá que nunca existió, pero como los surcos que forman palabras en las ventanas, ya ha dejado sus mensajes por toda la ciudad.

Imagen: The Cafe Terrace (1907), de Auguste Herbin (1882 – 1960)

Artículo publicado el 11 de febrero de 2016 en el periódico La Opinión de Murcia.

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Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

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