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Después del diluvio

DESPUÉS DEL DILUVIO es una novela sobre lo que queda del amor con el paso del tiempo, sobre las decisiones que la vida nos obliga a tomar cuando todavía no estamos preparados y sobre la necesidad de reinventar el pasado para encontrarse con uno mismo y comprender los propios sentimientos. Con un estilo realista y una voz narrativa que antepone la visión directa de los personajes, el relato se articula a partir de sucesivas escenas para contar una historia que abarca dos planos temporales separados por quince años, el tiempo que lleva a los dos protagonistas, Julia y Manuel, desde su amor de juventud hasta su reencuentro cuando su relación parecía devorada por el olvido.
Los personajes tendrán que aprender que no hay amor que no esté sujeto a la memoria y que esta solo les concederá lo que necesitan si son capaces de reconstruirla entre los dos. Hasta que llegue ese momento, Julia y Manuel se debatirán entre la generosidad y el egoísmo en una búsqueda, a caballo entre Barcelona y Nueva York, de su lugar en el mundo.

Dicen que para alguien que ha escrito toda la vida, publicar su primer libro es a la vez un punto de llegada y de partida, alcanzar una meta y soñar con que no sea solo el final de una maravillosa aventura, sino, sobre todo, el principio de algo que, mientras está ocurriendo, nadie sabe muy bien cómo definir.

Lo que sí sabes es que en tu vida habrá un antes y un después de haber publicado… incluso en el caso de que solo tus amigos acaben enterándose de que has cumplido tu sueño.

La caja llegó cuando yo estaba en el trabajo y, para mi propia sorpresa, no me lancé sobre ella para abrirla nada más llegar a casa, sino que esperé pacientemente al atardecer del día siguiente. Sentada en el suelo del salón, con un pequeño cuchillo de postre de plata que encontré un día paseando por una feria de antigüedades y me pareció perfecto como abrecartas, rasgué con cuidado el papel de embalar que recorría la unión entre las dos lengüetas de cartón que la cerraban, retiré las bolsas de burbujas plásticas que los protegían y ahí estaban ellos. Veinticinco ejemplares de mi primera novela publicada. Lo que os cuento ocurrió hace poco más de una semana, pero tenía que hacer muchas cosas antes de decírselo a nadie. Lo primero, compartir la noticia con el coautor del prodigio, porque “Después del diluvio” está escrita a cuatro manos. Siempre pensé que lo primero que publicaría sería un libro de cuentos cortos y que lo haría sola, pero ha sido una novela escrita con un amigo. Eso es algo que todavía no sé muy bien cómo ha sucedido, un triple mortal con tirabuzón, un milagro que hay que aceptar como viene si uno es bendecido con él; algún día habrá que reflexionar sobre cómo ha podido producirse, pero desde luego, no hoy. Cuando la vida te da lo que quieres no hay que preguntarle ni por qué así, ni por qué ahora.

El caso es que extraje un ejemplar de la caja, lo sujeté en un abrazo suave, como el que acuna a un niño y recuerdo perfectamente que sentí una inmensa felicidad.

Entonces pensé que, tal vez, una tarde de lluvia, alguien como Enrique o alguien como yo, o simplemente alguien que no tenga nada mejor que hacer, o esté aburrido o se haya quedado sin televisión en casa, coja esa novela que compró en un impulso, o porque le gusta leernos en el blog, o porque le encantó la portada que nos regaló Domingo, o vete tú a saber por qué extraño motivo, se siente en su butaca preferida, o en el suelo junto a una ventana como me gusta hacer a mí… y empiece a leerla. También pensé que cabría la posibilidad de que le gustase mucho, pero que con que le gustase solo un poquito me conformaría.

Así me imagino a nuestro primer lector. Lo suficientemente generoso como para regalarle unas horas de su vida a dos escritores primerizos. Lo bastante valiente como para darle a unos desconocidos la oportunidad de convertirse en escritores, porque eso es lo que hará. Ni nosotros, ni la editorial tiene ese poder, solo él o ella, en el silencio de su casa o en el bullicio de una cafetería, en un parque, en una plaza, o en la sala de espera del dentista, puede, al leer la última frase de nuestra novela, convertirnos en escritores “de los de verdad”.

Pensé en ese lector desde el mismo momento en el que supe que la caja estaba en el salón de mi casa.

También pensé, abrazada ya a “Después del diluvio”, sentada en el suelo, las piernas cruzadas, la casa en silencio, por primera vez sola ante algo que he escrito siempre acompañada, en mi padre, ese otro lector que ya no podrá serlo.

Y lloré, pese a todo, de alegría.

*****

Después del diluvio es nuestra primera novela, editada por Caligrama -gracias infinitas a Fernando Macías por su ayuda y su paciencia- y de la que os facilitamos más información aquí.

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Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

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2 Comentarios

  1. Moltes felicitats!!!! Desitjo llegir-lo!!!!

    • Gràcies, Olga! Ara només manca que us agradi… al menys als que ens estimeu 🙂

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