Pages Navigation Menu

Canadá

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Pin It Share 0 Google+ 0 Email -- 0 Flares ×

musicoscd

Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales -aunque, claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.

Canadá. Richard Ford.

De pequeña me regalaron una máquina de hacer palomitas. Me encantaba mirar como aquellas piedrecillas duras y amarillas estallaban, rindiéndose al calor, y se transformaban en flores de algodón blanco y salado. También me gusta aspirar el humo encerado de la vela que tengo junto a la foto de mi padre y que enciendo siempre que me ataca la nostalgia. La luz ardiente de las hogueras es capaz de hipnotizarme y adoro el vapor húmedo que impregna el cuarto de baño tras una ducha muy caliente.

Me gusta el fuego y me acerco a él con una alegría despreocupada en exceso. Por eso a veces me quemo haciendo las cosas más inverosímiles. Como esta semana, que mientras intentaba prepararme un té, derramé agua hirviendo sobre una de mis manos.

Pero, como en todo lo malo se esconde algo positivo, estos últimos días al llegar a casa no pensaba en tareas pendientes, simplemente colocaba la mano vendada sobre el brazo del sofá y leía Canadá, muy despacio -como al parecer fue escrita-, para que me durase. Hay libros que da pena terminar, hay historias en las que una se quedaría a vivir o, por lo menos, entraría a echar una mano -a mí me gustaría poder sentarse frente a ese niño que sufre y decirle que todo va a salir bien, aunque no lo sepa todavía y, por tanto, sea mentira-. No he llegado al final, pero creedme, esa novela es una maravilla.

Ya no llevo el vendaje. Leo mientras masajeo la piel enrojecida con un trocito de hoja de aloe vera que me trajo una vecina de despacho con ganas de ayudar y pienso en que hasta en el lugar más inhóspito, en el momento más desolador, tenemos la obligación de buscar ese instante gozoso que, como por arte de magia, nos salvará.

¡Feliz domingo, socios!

Quizás también te guste leer:

Escribo. Leo. Horneo. Siembro.

  • facebook
  • twitter