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Francesca

El acto de escribir no es difícil una vez se empieza, en realidad, la mayoría de las veces, basta con dejarse llevar. 

Lo malo ocurre antes, frente a la hoja en blanco, mientras se hace acopio de valor para delatarse a uno mismo. Porque al final, en mayor o menor medida, escribir es una confesión y, aunque la historia sea mentira, al contarla como verdad, nos pone en situación de riesgo y nos transforma.

Leer, sin embargo, es un placer siempre. Más que eso, si tropezamos con el libro adecuado.

Cuánto consuelo, cuánta felicidad le debo yo a los libros.

F.