Pages Navigation Menu

Al borde de la página

Blue and Grey (1962) Ella había aprendido a ser feliz en las páginas en blanco que oteaba en su diario. Cada vez eran más esperanzadoras que las páginas escritas y no le importaba. Sabía que nunca podría desprenderse por completo de sus obsesiones, pero se había propuesto impedir que ellas la encadenaran a sus infortunios. Escribir en su diario sobre las cosas que le habían salido mal había empezado a resultarle molesto, como si al relatar un desengaño la culpa recayera exclusivamente en ella, pues solo la falta de imaginación podía justificar un final desgraciado.

Ahora la última página en blanco significaba una historia por reescribir, el reverso soñado de un encuentro que había resultado demasiado vulgar. Él la había llevado a su casa en la tercera cita. No era especialmente atractivo. Ella había sumado los años que les separaban y, con cierta ansiedad, había concluido que los reduciría a la mitad en las páginas de su diario, donde, además, desaparecería el poco tino de él con la llave en la cerradura. Lo vio arrojar la cazadora sobre una silla y agacharse ante el mueble-bar que había en un hueco de la estantería de pladur. Las manchas de sudor de su camisa le hicieron pensar en su diario y allí él la acompañó a la terraza para mostrarle las luces de la ciudad.

Las plantas artificiales cobraron vida en su diario y una colección de discos sustituyó a los superhéroes que decoraban las estanterías. Cuando se sentaron en el sofá, la última novela de Ken Follett se convirtió en el primer tomo de ‘En busca del tiempo perdido’. Le costó un poco encajar eso en el diario sin que se resintiera la coherencia del personaje. Pero ya estaba lanzada y las palabras cabalgaban por la página llenándola de júbilo como un golpe de suerte que consigue burlar el destino. Sobreponiéndose a su disgusto, hizo que él se mostrara franco y le hiciera sentir que su casa era un lugar vacío sin ella. Junto a la cama quemó una varilla de madreselva y al borde de la página la dejó que se tendiera, ya sin más palabras. Solo mecida por las pulsaciones de su deseo.

Imagen: Mark Rothko (1903-1970). Blue and Grey, 1962.

Artículo publicado el 12 de marzo de 2015 en el periódico La Opinión de Murcia.

Quizás también te guste leer:

Pensé que aquí habría un baúl y, dentro, un mapa.

  • facebook
  • twitter

2 Comentarios

  1. Qué alegría verte por aquí, Begoña. Puestos a imaginar, ¿quién no elegiría a Proust? Gracias por tu comentario. Te esperamos.

  2. Genial!. Simultáneamente se solapan la realidad y la imaginación a través de lo que ve. La imagen del libro de Ken Follett transformado en la saga de Proust me ha encantado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *